Lo que no te han contado de la crisis palestina-israelí

«Nunca he visto a un presidente- no me importa quién- encarárseles. Simplemente me perturba. Siempre consiguen lo que quieren. Los israelíes lo tienen todo controlado. Llegó un momento en el que yo no pintaba nada. Si el pueblo americano comprendiese cómo han echado la zarpa a nuestro gobierno, habría un levantamiento. Nuestros ciudadanos ciertamente no tienen ni idea de lo que está pasando».

Thomas H. Moorer, Presidente del Estado Mayor Conjunto de los EE.UU.

A mediados de junio descubríamos la “noticia” de la desaparición de tres “inocentes” jóvenes israelíes cuando hacían autoestop para volver a casa en Hebrón. Esto ha dado lugar al mayor despliegue militar en diez años por parte de Israel, que ha acusado sin prueba alguna de lo que ellos dicen que ha sucedido al Movimiento de Resistencia Islámica Palestina (Hamás). El día 30, las autoridades israelíes afirmaron haber encontrado los cuerpos de los chicos muertos. Sin embargo, voy a retratar ahora todo esto como una treta fundada en una oleada de desinformación que pretende justificar lo injustificable. A continuación mostraré un repaso tanto de la historia y el verdadero carácter de Israel como de una lista de sucesos acontecidos en los últimos años que hacen que la balanza se incline en esta situación de una manera muy distinta a la que la mayoría del público creería en su ignorancia agenciada por los medios comunicativos de la corriente dominante de Occidente antes de revelar el auténtico trasfondo del supuesto crimen y demás atentados aducidos por el gobierno israelí como razones de sus actuaciones en curso y exponer fielmente éstas. Pareciera ser que todos debiésemos llorar otra vez por las víctimas judías, pero, ¿qué hay de las palestinas? Sí, las víctimas palestinas. ¿Quién se lleva la peor parte en lo concerniente a la arbitraria, constante, e impune comisión de crímenes inaceptables? Sin duda, el estado de Israel.

Hay que saber realmente muy poco para negar esto, pues cada vez hay más emplazamientos ilegítimos en Cisjordania, las expulsiones son incesantes, las casas de los palestinos son derribadas sistemáticamente, organizaciones financiadas por los sionistas construyen asentamientos que sustituyen los hogares destruidos, y la violencia contra los que reclaman justicia es constante. Violando la ley internacional, Israel ha estado vendiendo la tierra robada a los palestinos cuando se fundó en 1948 impidiéndoles volver a los más de 400 pueblos destruidos en la famosa “Nakba” (“Desastre”). Hace años se empezó a construir una gigantesca muralla que roba cantidad de tierra palestina e ilegal a ojos del Tribunal Internacional. Desde la guerra del 67, el llamado régimen de Tel Aviv ha arrestado a miles de niños palestinos a los que esposa, veja, maltrata, e incluso encierra en cárceles para adultos. Actualmente, apenas queda un rescoldo de población palestina en la región, la cual es forzada a vivir hacinada en Cisjordania y, sobre todo, en la Franja de Gaza (uno de los lugares más densamente poblados de la tierra), que es gestionada a modo de prisión por el ejército israelí (el cual controla el tráfico de población y los suministros) y a cuyo antojo éste abre y cierra sus fronteras. Desde 2007, Israel mantiene un bloqueo contra la región que impide a los ciudadanos ejercer derechos como el del trabajo, la salud, la educación, y la libertad de circulación. Gaza ha sido considerada irónicamente como “el mayor campo de concentración de la historia”.

En este campo se llevan a cabo ejecuciones sistemáticas y arbitrarias. Para quien no se lo crea: en el transcurso de la invasión del 2008 al 2009, iniciada por el primer ministro de Israel Ehud Olmert y justificada con las típicas falacias sionistas, su millón y medio de habitantes sufrió gratuitamente un infierno. Aviones y tanques israelíes asaltaron la región y se dedicaron a bombardear deliberadamente las viviendas. Los ataques aéreos se dirigieron intencionadamente a áreas civiles matando e hiriendo a cientos. La estimación de daños colaterales producidos por la campaña israelí fue de un 400%. No cabe aquí hablar de conflicto sino de exterminio. He de destacar que soldados israelíes han formado un grupo de protesta llamado “Rompiendo el Silencio” que ha confirmado que la política de los sionistas es el asesinato y la barbarie. Uno reconoció que les ordenaban disparar al acercarse a las casas sin detenerse en el caso de que hubiera alguien. Otros informaron de que cundió el vandalismo y de que se utilizó a civiles a modo de escudo humano durante las incursiones. También se sabe que el ejército utilizó ilegalmente fósforo blanco (que hace que las personas ardan vivas). Un informe para la ONU del juez judío Richard Goldstone habló de que Israel había cometido crímenes de guerra y posiblemente crímenes contra la humanidad en su invasión de Gaza de 2008 a 2009 (aunque después le presionaron para que se retractase). Por su parte, el representante judío de la ONU Richard Falk dijo que los ataques aéreos sobre Gaza suponían una grave violación del Derecho Internacional Humanitario. Pese a todo, el presente primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, dijo que jamás consentiría que ningún soldado o líder israelí fuera a juicio por tales acciones. En el 2010 se emitió una orden judicial en Gran Bretaña para arrestar a Tzipi Livni, ministra de Asuntos Exteriores israelí cuando tuvo lugar la invasión, por crímenes de guerra, por lo que ésta tuvo que abstenerse de ir. Como bien dijera el vilipendiado catedrático judío hijo de un superviviente de Auschwitz, Norman Finklestein:

«La única diferencia entre el terrorismo de Israel y el de Hamás es que el primero es el triple de letal».

El martes 13 de noviembre de 2012, el ejército israelí, supuestamente en respuesta a los presuntos ataques de Hamás, inició una salvaje operación en Gaza. La semana siguiente, los medios informaron de que la Fuerza Aérea de Israel había bombardeado la casa de una familia palestina matando a 10 de sus miembros (entre ellos 4 niños), y 2 vecinos. Además, una manifestación contra la campaña fue violentamente reprimida, con los israelíes disparando sobre los manifestantes y matando a 2 de ellos. Ese día murieron 30 palestinos. El día después se decía que las bajas causadas por los bombardeos israelíes sobre Gaza llegaban a 100, 24 de las cuales correspondían a menores, 10 a mujeres, y 12 a ancianos (la mitad de los muertos eran civiles). La cifra de heridos era de 900, la mayor parte de ellos niños y mujeres (el 70% civiles). Un caso destacado fue el de un transportista de periodistas que falleció al ser alcanzado por un proyectil israelí a pesar (o a causa) de que su taxi venía identificado con un distintivo de prensa. Ese mismo día, la aviación bombardeó una torre de 14 plantas en el centro de la ciudad de Gaza que albergaba la sede de varias cadenas de televisión (entre ellas dos de Arabia Saudí). El ataque también alcanzó a una planta donde diversas televisiones internacionales realizaban sus conexiones, y en él murió al menos un periodista. Tras un par de días, cesaron las hostilidades y se firmó un alto el fuego mediado por Egipto. El balance de víctimas superó los 162 palestinos muertos y 1300 heridos. A lo largo de esa semana se produjeron numerosos choques entre las fuerzas israelíes y los palestinos que protestaban en Cisjordania por la sangrienta ofensiva de Israel; pero justo el mismo día que se aprobaba el alto el fuego, el ejército israelí detuvo a 55 personas, incluyendo funcionarios de movimientos palestinos y algunos legisladores, bajo la engañosa acusación de pertenecer al aparato terrorista. El 13 de diciembre supimos que una policía de fronteras israelí mató en Hebrón a un adolescente palestino de 16 años llamado Muhamad Ziad Awad Salaymah. Los medios israelíes dijeron al principio que se había tratado de un intento de atentado frustrado, pero luego se confirmó que el arma que llevaba el chico era de juguete.

El 16 de enero del año siguiente leíamos que otro adolescente palestino, Samir Awad Ahmed, de 17 años, murió tiroteado tras zafarse de los soldados israelíes que habían intentado capturarlo. De acuerdo con el alcalde de su localidad, se trató de un crimen alevoso. Igualmente, apenas unos días antes, un joven de 21 años había muerto en Gaza también como consecuencia de los disparos del ejército israelí según los médicos. Meses más adelante nos enterábamos a 4 de abril de que, en los últimos dos días, una vez más dos adolescentes palestinos habían muerto a tiros a manos de los soldados israelíes durante las protestas por la muerte del dirigente de Fatá de Hebrón Maisarah Abu Hamdiyeh. Los dos murieron luego de que las tropas ocupantes decidiesen abrir fuego a discreción contra los manifestantes un mes después de que se les autorizase a utilizar munición de guerra posteriormente a las revueltas por el fallecimiento del preso administrativo palestino Arafat Jaradat debido a las torturas a las que fue sometido. De acuerdo con un decreto israelí, cualquier persona que sea siquiera sospechosa de activismo contra la ocupación puede, bajo el arbitrario criterio de su autoridad, ser indefinidamente encarcelada, aislada, y privada del derecho a un abogado, algo que va en contra de los Derechos Humanos. En las cárceles israelíes hay 4500 presos administrativos (sin juicio ni cargos) palestinos, 1800 de los cuales han sido diagnosticados con enfermedades y dolencias que requieren una atención que no reciben. En la misma línea, dos días más tarde el ministro de Asuntos Sociales de la Autoridad Palestina Kamal Sharafi anunciaba que, desde el año 2000, hasta 1500 niños palestinos habían sido asesinados a manos de los israelíes, 6000 habían sido heridos, y más de 10.000 detenidos (200 de ellos aún estaban en cárceles israelíes). El 2 de julio, un vehículo del ejército israelí atropelló a propósito al joven Muatazz Idreis Sharawnah, de 19 años, tras lo cual, tal como apuntaban los testigos, las fuerzas israelíes cerraron el paso al servicio de emergencias para facilitar que el muchacho muriera. El chico, que estudiaba en Jericó, fue declarado muerto en el hospital. Decenas de demandas se han presentado por incidentes similares, pero nunca ha habido reacción alguna.

El 22 de noviembre las tropas de Israel atacaron en siete ciudades palestinas a aquellos que protestaban por la expropiación forzosa de terreno para la construcción de asentamientos sionistas y el reciente aumento de las demoliciones de olivares de los palestinos. Un día después, la militar israelí Elena “Gluzman” Zakusilo admitió en una entrevista en la TV ucraniana haber matado a un número determinado de ellos, incluyendo niños, cuando se manifestaban contra la ocupación, algo por lo que la ascendieron al rango de Mayor. Al día siguiente se publicaba que los residentes de un asentamiento sionista venían atacando a los automóviles en los que se transportaban los refugiados de Jalamun que transitaban por la carretera que une la ciudad con Nablus. Entonces éstos decidieron manifestarse y comenzó su enfrentamiento con aquéllos. En ese momento, las tropas israelíes intervinieron y lanzaron gases lacrimógenos que produjeron asfixia a decenas de personas, de igual modo que 15 resultaron heridas. Las fuerzas israelíes emplearon al parecer munición letal. Semanas antes, las conversaciones de paz se habían visto quebradas por la construcción de edificaciones en la Cisjordania ocupada. El 7 de diciembre se informaba de que un niño de 14 años residente en el campo de refugiados de Al-Jalazun (cerca de Ramala), cuyo nombre era Wajih Wajdi al-Ramahi, fue tiroteado por la espalda en frente de su escuela. Murió en el hospital. El padre dijo que se trató de un crimen a sangre fría, pues su hijo no estaba haciendo nada más que jugar al fútbol. El francotirador que le disparó desde una torre en Bet El lo habría hecho por diversión. Los medios israelíes lo negaron diciendo que había sido un enfrentamiento, pero los vecinos dijeron que no había habido ningún choque por aquel entonces en la zona. La noche del sábado 14, los israelíes abrieron fuego y abatieron a un palestino que se acercaba a una zona de seguridad prohibida al este de Jan Yunis. El 24 de diciembre, los medios reportaban que, con motivo del asesinato de un israelí en la frontera con Gaza, el ejército de Israel, contraviniendo el armisticio firmado tras la guerra del 2012, mandó tanques e infantería a atacar 6 lugares en Gaza además de incursiones aéreas sobre 2 campamentos (una sobre la ciudad ya citada) y 3 ataques más sobre la capital. Un par de civiles, un adulto y una niña, murieron a causa de los bombardeos. El total de civiles palestinos muertos en todo el año se elevaba a más de 30 (la mayoría de Cisjordania).

A principios de este año, testigos apuntaban que, para reprimir una manifestación de los alrededores del campo de Al-Jalazun, las fuerzas israelíes emplearon munición real en respuesta a las piedras y botellas arrojadas por los palestinos atacando sin previo aviso. Los militares interrogaron y registraron a un joven llamado Mohamed Mubarak, lo liquidaron y aludieron que era un agente armado. El disparo a otro joven en Gaza, que resultó herido, desde el lado israelí, provocó la manifestación de cientos de personas cerca de la frontera contra el bloqueo. La acometida del ejército de Israel había sido repelida por los palestinos sin dejar víctimas, a lo que Tel Aviv tuvo a bien responder con bombardeos aéreos sobre Gaza. En este contexto, el pasado 20 de marzo, la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) denunció en un comunicado el incremento de los asesinatos por parte de las tropas de Israel en los territorios palestinos desde el inicio de las negociaciones con el gobierno israelí. El texto decía que desde julio del 2013 sus soldados habían matado a 56 palestinos y herido a 897. Eso sin contar la muerte de un adolescente de 15 años, Youssef Nayif Youssef Shawanrah, justo antes de que el informe viese la luz. Shawanrah fue acribillado cuando buscaba plantas medicinales. Los medios palestinos comentaron que los israelíes tienen como pasatiempo tirar contra los refugiados de los campamentos de Gaza y Cisjordania. El informe de la OLP también sostenía que se habían registrado más de 500 ataques de los pobladores de los asentamientos sionistas a civiles palestinos y que se habían efectuado más de 3000 arrestos “con el fin de descarrilar el proceso de paz”. La publicación remarcó que las violaciones de la ley internacional y los Derechos Humanos por Israel habían proseguido mientras se ponía en marcha la construcción de 10.500 viviendas ilegales para colonos sionistas y que 146 casas de palestinos habían sido demolidas. El documento se quejaba de la construcción de asentamientos tanto en Cisjordania como en Jerusalem Este.

El 15 de mayo, dos adolescentes palestinos (Nadim Nuwara, de 17 años, y Muhammad Abu al-Thahir, de 16), fueron una vez más acribillados en una manifestación en los territorios ocupados de Cisjordania que buscaba expresar solidaridad con los presos administrativos que en su interior hacían huelga de hambre en la prisión militar de Ofer. Unos días después, el portal palestino Defence for Children International-Palestine publicó las imágenes de unas cámaras de seguridad que había instaladas en el área. En el vídeo se veía que los chicos estaban andando tranquilamente a un paso natural cuando de pronto los agentes israelíes abrieron fuego (incluso la prensa israelí se llegó a hacer eco de la noticia declarando que los jóvenes estaban lejos del tumulto que se provocó como consecuencia de la manifestación y que no estaban en confrontación directa con los soldados). Sin embargo, tras salir éste a la luz, el comerciante que instaló las cámaras fue ordenado por el ejército israelí a desmantelarlas en 24 horas. Después de confiscar ese mismo mes el equipo de grabación, el 13 de junio los israelíes incautaron el resto de aparatos de grabación instalados en la zona junto con el de los encargados de los demás negocios. Incluso llegaron a exigir a este hombre que retirase también una cámara que no hace grabaciones. La ONG que hizo públicas las imágenes demandó a las autoridades israelíes una investigación de lo sucedido y un castigo apropiado para los culpables, pero nada sucedió. Amnistía Internacional censuró enérgicamente el doble crimen acusando a las fuerzas israelíes de recurrir a la fuerza extrema. Otro organismo que ha denunciado a Israel ha sido UNICEF, que lo ha acusado de “maltrato sistemático” de los niños palestinos. UNICEF dijo que cada año 700 niños palestinos de entre 12 y 17 años (principalmente varones) son arrestados, interrogados, y detenidos por el ejército, la policía, y agentes de seguridad de Israel, así como que los niños son amenazados con violencia física, la muerte, o incluso con el asalto sexual a ellos o a sus familiares para obligarles a confesar crímenes inexistentes.

En marzo del 2013 la ONU publicó un informe titulado Niños en Detención Militar Israelí afirmando que Israel juzga sistemáticamente a menores en tribunales militares y en el cual demostraba un “tratamiento o castigo cruel, inhumano, y degradante”. También describía los malos tratos a los adolescentes palestinos como “extendidos, sistemáticos, e institucionalizados” dentro del sistema de detención militar israelí. Medio año después, UNICEF volvió a asegurar que el maltrato de niños palestinos detenidos seguía siendo sistemático y que “las violaciones siguen en marcha”. Y así continúa siendo. El International Middle East Media Center informó en marzo de este año de que los tribunales militares israelíes habían sentenciado a un chico de 14 años (Laith Husseini) a una pena de 9 meses de prisión y a otro de 16 (Mohammad Abu Rammouz) a una de 6. El Comité Publicó Contra la Tortura acusó a Israel de torturar a niños palestinos para obtener confesiones. Podemos decir pues que Israel es, sin duda, un estado criminal. La lista de leyes incumplidas por éste es sorprendente. En primer lugar, en cuanto que se dedica a anexionar territorios y a trasladar población a un estado bajo ocupación militar, comete crímenes de guerra a los ojos del Acuerdo de Ginebra. En segundo lugar, dado que utiliza su autoridad y su fuerza con el propósito de que un grupo étnico domine y oprima sistemáticamente a otro u otros, viola el Artículo 2 de la Convención Internacional para la Supresión y Penalización del Delito de Apartheid (véase la obra del judío israelí convertido al islam Uri Davis, Israel: Un Estado de Apartheid). Sin ir más lejos, el crítico de Israel antes citado, Goldstone, es uno de los famosos campeones anti-Apartheid. Asimismo, ya que tras su fundación Israel llevó a cabo la despoblación y la destrucción de las comunidades palestinas a través de la expulsión y masacre de miles y miles de personas (La limpieza étnica de palestina, Ilan Pappe), volviendo a perpetrar éstos u otros actos similares más adelante (véase el “Naksé”, el “Retroceso” del 67), incluyendo la deportación y el secuestro, al igual que varias acciones graves más, también el Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, la Cuarta Convención de Ginebra, y el Estatuto de Roma del Tribunal Criminal Internacional. Eso sin contar sus numerosos atentados contra los Derechos Humanos denunciados por toda clase de organismos, activistas, y observadores internacionales. No exageramos entonces cuando decimos que Israel es un régimen terrorista. Ahora pues, una vez iniciados en el verdadero conocimiento de dicho régimen, procedemos a desenmascarar la vigente crisis palestina-israelí.

Empecemos por subrayar que el supuesto rapto y asesinato de los jóvenes Eyal Ifrach, Gilad Shaer y Naftali Frankel han sido utilizados por Israel como disculpa para incurrir en toda clase de tropelías. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha acusado de estos actos a Hamás sin fundamento alguno. El hallazgo de los jóvenes sin vida fue “confirmado” por el número 2 del Ministerio de Defensa, que dijo que las casas de los terroristas debían ser demolidas y sus escondrijos de armas destruidos. Evidentemente, estas palabras buscan que la gente malinterprete las imágenes de casas demolidas pensando en “terroristas” en vez de en “limpieza étnica”. La doble moral de Israel se comprueba en el hecho de que sus fuerzas matasen impunemente a un adolescente de 15 años durante las redadas antes de que se “supiese” la muerte de los “rehenes” (la noticia salió el 20 de junio). Hamás, al contrario de como acostumbra a hacer cuando es responsable de algo, ha negado tener nada que ver con los crímenes. La unión entre ellos y Fatá en abril hizo que Netanyahu suspendiese las conversaciones de paz con los palestinos. El movimiento ha asegurado que las acusaciones de los israelíes van destinadas a sabotear la reciente reconciliación. Los medios occidentales han procurado tergiversar lo que está pasando diciendo absurdamente que éste se jacta de los crímenes al sacar de contexto las palabras beligerantes de sus representantes, cuya auténtica motivación es la frustración. Declaraciones como la de que Israel se arrepentiría si cumplía sus amenazas por parte de su líder (Ezza al-Rashq), la de que si no cesaban los ataques contra los palestinos en Gaza y Cisjordania ellos emprenderían una respuesta abrumadora, la de que estaban dispuestos a “abrir las puertas del infierno”, o la de que si los israelíes continuaban las agresiones habría humillación y sufrimiento, deberían ser entendidas como producto de la propia humillación y el propio sufrimiento de los palestinos. Pero el bloqueo y la redada de Israel (ambos ilegítimos) sobre Cisjordania vinieron acompañados de gran cantidad de detenciones arbitrarias al igual que por diversos crímenes, en la primera semana de la cual (según el ejército israelí) 1150 “ubicaciones” (incluyendo casas, oficinas, universidades, y lugares benéficos) fueron asaltadas.

El 21 de junio, el ejército de Israel, esgrimiendo la falsa acusación de colaboración con Hamás, irrumpió en la sede en Ramala (capital de Palestina) de Palmedia, una empresa proveedora de servicios de producción y difusión en Oriente Medio para múltiples compañías del mundo mediático con clientes como Russia Today, France24, y anteriormente la BBC. Según una corresponsal en la ciudad, los militares israelíes derribaron las puertas del edificio, destruyeron las oficinas arrendadas y confiscaron los datos del archivo. Debido a ello se perdió la señal de Internet. El archivo de vídeos y otros materiales fueron totalmente destruidos, y el inmobiliario y los ordenadores, destrozados. La mujer señalaba la barbarie de los israelíes al requisar los discos duros y las computadoras. Es tan sólo un ejemplo más de lo que ha estado sucediendo, pues Israel ha atacado organizaciones de asistencia social como la Sociedad Islámica de Beneficencia en Hebrón o Socorro Islámico Mundial (con base en Reino Unido), a las que también acusa de colaborar con Hamás y con el terrorismo. Aunque no sólo se ha cargado contra la mentada facción (y aquí tenemos otra contradicción), pues se ha capturado igualmente a miembros de Fatá y de la Yijad Islámica. El presidente del Parlamento palestino, Aziz Dweik, se halla entre los apresados. Eso por no contar a los niños, a los que han estado abduciendo en la madrugada. Otros soldados han allanado instituciones y escuelas, y se han creado nuevos puestos de control para obstaculizar aún más la libre circulación. La operación militar se ha saldado con más de 500 detenidos, la mayor parte afiliados a Hamás, incluyendo funcionarios, jóvenes civiles, menores de edad, y numerosos manifestantes, así como con muchos heridos y varios muertos. Medios de ambos bandos han afirmado que se prepara una fuerte y extendida ofensiva contra la población en Gaza.

Todo esto ha sido justificado, como ya se dijera, por el presunto secuestro y muerte de los célebres chicos israelíes. La prensa oficial nos ha vendido el idilio de que se trataba de unos sencillos estudiantes religiosos, induciéndonos a proyectar la manida figura del mártir judío. Nuestros medios de masas han divulgado esta historia de epistemología engañosa de acuerdo con lo que a Israel le conviene que se crea presumiendo de manera inaceptable la credibilidad de su versión prefabricada presentándola como “hechos establecidos”. Por supuesto, habrá quien se pregunte cómo puedo atreverme a desafiar lo que dice el gobierno de un país “democrático”. ¿Democrático? Las fuerzas existentes conformaron un gobierno de facto no electo con la Declaración de Independencia y designaron un Tribunal Supremo con una base partidista que fue el que aprobó los partidos que se presentaron a las siguientes elecciones, y, aunque el sistema cambió después, su tramposo origen permitió la continuidad que de hecho se ha mantenido. Poder ejecutivo y legislativo están incorporados, y el poder judicial está, desde su misma fundación, de su lado en lo general (sumemos a esto la sonada falta de independencia del cuerpo jurídico). Los que presumen de la democracia israelí deberían citarme el primer artículo de su constitución… ¿alguna pista? No tiene. Lo que tiene en lugar de ésta es una asamblea constituyente (la Knesset) que legisla de acuerdo con la falacia del positivismo ético, es decir, de acuerdo con lo que vaya entendiendo mejor. No hay constitución, no hay separación de poderes, hay sufragismo optativo pero no elecciones reales (a pesar de que se disfrace para desahogar a la gente con sucedáneos).

La democracia sin Derecho, suelen alardear por aquí, no es sino demagogia… ¿se lo dirán a Israel? Además, la ley que rige la distribución de los votos hace que, dado que la mayor parte del territorio es adquirido y, por tanto, colonizado, pese más el voto sionista en sus diferentes modalidades. Sólo en un lugar como Israel, por cierto, puede ser legal un partido como el Shas (cuyo líder espiritual, el rabino Ovadia Yosef, pidió el exterminio de los árabes por ser aberraciones de Dios). Pero la pregunta realmente legítima es ésta: ¿Cómo es posible que nos traguemos sin más lo que sostiene un régimen de Apartheid? A la acusación de nazismo en versión judía responden con acaloramiento. ¿No fue la propia ONU la que dijo que el sionismo es una forma de racismo? ¿Y qué me pueden decir de la generosa afluencia de diamantes de sangre de De Beers a Tel Aviv? Cabe cuestionar con este asunto de los niños, algo muy sensato teniendo en cuenta lo que ya he sacado a relucir, si no estaremos ante una bandera falsa (ataque orquestado por un estado a través de medios encubiertos con el fin de acusar a algún grupo o país del mismo y así justificar una guerra). Las pruebas atestiguan que Israel siempre ha estado vinculado a esta práctica. En primer lugar, está el famoso atentado del Hotel Rey David por sionistas del Irgún disfrazados de árabes en el 46. Después empezaría la guerra civil en el 47 con el anuncio de los británicos de su marcha y del insatisfactorio plan de partición de Naciones Unidas. En ella, los primeros en disparar serían los árabes contra autobuses judíos, pero, ¿qué árabes? Recomiendo revisar el caso de la tramposa desacreditación y misteriosa muerte del Secretario de Defensa de Estados Unidos James Forrestal, que se opuso al sionismo y recomendó un plan de federalización, algo a lo que el presidente Truman, que se reunió en secreto con la B’nai B’rith (el frente supremacista judío mundial) para acordar el reconocimiento y respaldo de Israel, hizo caso omiso. A continuación tenemos la famosa Operación Susannah, ya del dominio público, que planeó la deposición y activación de bombas en cines, escuelas, y bibliotecas, para culpar de ello a la Hermandad Musulmana. El gobierno de Israel negó por décadas tener nada que ver, pero al final su presidente premió a los participantes.

Igualmente, en la Guerra de los Seis Días del 67, aviones y torpederos israelíes atacaron un buque americano, el USS Liberty, tratando de hundirlo. Al no conseguirlo, el incidente se convirtió en un escándalo e Israel afirmó haberlo hecho por error. EE.UU aceptó la explicación oficial, pero especialistas de la inteligencia americana que vieron transcripciones de comunicaciones israelíes dijeron que había sido hecho a propósito. El objetivo era claramente no dejar supervivientes para poder imputárselo a los egipcios. El brazo asesino del Mosad (el Kidón) fue, al igual que el GSG 9 alemán, justificado por la masacre de las olimpiadas de Munich de 1972, la cual sucedió con conocimiento de Alemania y después de que los policías que iban a detener a los secuestradores se fugaran del avión en el que debían hacerlo (una investigación policial afirmó que los alemanes pudieron disparar a los judíos “sin querer”). Tras un secuestro aéreo que incluso fuentes convencionales han considerado simulado por Alemania, los implicados que sobrevivieron se dirigieron a Líbano, lo que permitió a Israel atacarlo. También está el conocido escándalo internacional de la Operación Gladio, trama terrorista de la OTAN cuyo implicado Vincenzo Vinciguerra perpetró el atentado de Fiumicino, que le fue imputado a palestinos, así como el testimonio de la agente especial del FBI Sibel Edmonds, que afirma que el 11-S pudo formar parte de Gladio B, una nueva operación de terrorismo amañado. Ambos atentados convienen a la agenda sionista.

Bien, pues resulta que esto también sería una bandera falsa. ¿Estoy acusando a Israel de matar a sus propios muchachos? No, estoy diciendo que dichos muchachos tal vez ni siquiera existan. Tan sólo nos han dado unas fotos, unos nombres, una historia cuya única fuente son las fuerzas armadas de Israel (que tienen derecho a mentir), unos muertos que nadie ha visto, y el relato oficial de una defunción de papel. ¿Madres desesperadas o pura ficción? Se ha dicho que es posible que el secuestro haya sido fingido por Israel para poder contar con una excusa con la que cargar contra los palestinos después de la unión entre Fatá y Hamás, que se supone que los fortalece. Sólo oímos la noticia (basada en la palabra del ejército israelí) de un rapto que no parecería tener propósito alguno (¿no se reclama nada y de pronto se mata a las rehenes?). Ya se ha comentado que lo acontecido ha sucedido en el momento más propicio para Israel y no aporta nada a Hamás. Además, los eventos han resultado tener lugar en medio del debate sobre una nueva ley para impedir el intercambio de presos por rehenes, a la cual se ha opuesto públicamente el jefe del Mosad (Tamir Pardo), quien el 5 de junio puso como ejemplo de argumento en contra al ministro Neftali Bennett la posibilidad de que la semana siguiente tres menores de las colonias sufrieran un secuestro (¡exactamente una semana antes de que pasase justo eso tras la aprobación del día 8!).

El 18 de junio se escribió que personal de la ONU y de las autoridades palestinas habían observado que la historia podría tratarse de otra bandera falsa. Los militares afirmaron haber encontrado las pruebas de la masacre, pero ellos tienen derecho a mentir, de modo que no hay por qué creerlo, y también hay quien ha afirmado que el funeral podría haber sido escenificado, pues según habrían comentado testigos, daba la sensación de que los ataúdes iban vacíos y no se veían lágrimas, aunque la base de la crónica oficial sería la famosa llamada de socorro de uno de los jóvenes a la policía, que la habría ignorado al sonarle falsa. Se ha hablado igualmente de que existe un patrón: cada vez que la comunidad internacional o Estados Unidos presiona a Israel, un oportuno atentado le permite volver a ponerse la piel de cordero y explotar el complejo de culpa a su favor. Se pone como ejemplo Argentina, que ha sufrido ataques a la embajada israelí y al Centro de la Comunidad Judía en Buenos Aires tras el auge de las protestas antisionistas. Hace poco, el Dr. Elias Akleh (americano de origen palestino) ha sacado a la luz lo que sería una fotografía inédita del supuesto estudiante religioso americano-israelí Naftali Frankel en la que se ve a éste vestido con uniforme militar riéndose de dos palestinos detenidos y con los ojos vendados. Para mí está claro que “Naftali Frankel” es un personaje ficticio, pues su nombre coincide precisamente con el de uno de los judíos que fundaron el sistema de campos de concentración soviético, algo que está claramente hecho a propósito, ya que ahora, cuando busquemos su nombre, en lugar de encontrar a un psicópata judío encontraremos a una víctima judía. El portavoz de Hamás, Abu Zuhri, dio en el clavo cuando dijo:

«La desaparición y el asesinato de los tres israelíes se basa sólo en las palabras de Israel, y los ocupantes tratan de utilizar este acontecimiento para justificar su guerra contra nuestro pueblo».

En España, el diario El Mundo ha dicho que Hamás ha aplaudido el asesinato. Como hemos podido ver, eso no es cierto, toda vez que Hamás no sólo ha negado su implicación, sino también el suceso en sí mismo. Aun así, incluso de ser verdad la historia, Hamás seguiría sin tener por qué estar implicada, en tanto que, según los medios israelíes, el ISIS, el grupo del que nos dicen que ha asolado Irak, ya se atribuyó la autoría. Su división operativa en Hebrón (si es que existe), Dawlat Al-Islam, habría llamado a la oficina de Reuters en Jerusalem para “confirmarlo”. Hasta hubo folletos aparentemente firmados por el grupo reclamando el atentado. El carácter falaz de los argumentos israelíes es tan llamativo que produce sonrojo. El 30 de junio el ministro de Asuntos Exteriores de Israel Avigdor Lieberman declaró que no debían limitarse a bombardear sino que debían conquistar totalmente la Franja de Gaza. A este respecto, el Jeque Titular de la Casa Islámica en Argentina, Mohsen Ali, dijo que los sionistas buscan una excusa para ganar territorio mediante la violencia, cosa que vienen haciendo desde 1948. Según Ali, el hecho de que Hamás, a diferencia de lo acostumbrado, haya negado tener parte en el crimen, nos obliga a formular la pregunta de a quién le conviene todo esto. La respuesta es ésta: “a Israel”. Mientras, a modo de corroboración, su primer ministro afirmaba que la ofensiva en Palestina podría ser más intensa. Parece que no basta con el fuerte ataque por tierra, mar, y aire con artillería pesada, misiles mar-tierra, aviones F16 y helicópteros contra un pueblo sin estado y sin ejército. Los políticos de Israel se expresan como gánsteres que utilizan las más de doscientas resoluciones condenatorias de la ONU como papel higiénico en una indignante exhibición de impunidad más que como estadistas. Su cinismo al alegar que sus últimas acciones son en represalia al terrorismo no puede ser mayor, pues ya en febrero de este año proclamaron abiertamente su intención de entrar en Gaza fuera como fuese y que lo harían en el momento más oportuno. De pronto, esa oportunidad les ha caído del cielo.

Es típico, pues en el 67 llevaron a cabo redadas aéreas sobre Siria que masacraron a gente de poblados del sur tras las represalias contra sus propios poblados en el norte por las provocaciones escenificadas por su ejército en la zona desmilitarizada (cuenta el historiador Zeev Maoz), lo que aumentó la escalada de tensión entre acusaciones de respaldo a la OLP, y fue esto, aún cuando se acuse de ello a un fraudulento informe soviético manejado por Nasser (pues su decisión de desplegarse en Sinaí fue independiente de eso), lo que condujo al presidente de Egipto a hacer lo que hizo en medio de un aumento de la agresividad israelí claramente apreciado por observadores internacionales (siendo la alianza entre Siria, Egipto, y Jordania, la clave del conflicto a tres bandas, algo buscado por la destructiva incursión de Israel en el poblado de as-Samu cuando el Lado Oeste del Jordán era todavía de los jordanos), y recordemos que el propio gobierno israelí ha reconocido que ellos (a pesar de lo que dijeron antes) atacaron primero. Los atentados terroristas de Israel en cualquier lugar del mundo árabe como parte de su campaña de asesinatos selectivos inaugurada por la infame Golda Meir tras Munich fueron la clave de que se abalanzasen contra ellos en la Guerra del Ramadán o del Yom Kippur de 1973, algo que probablemente estuviera calculado para que su genocida socio de la Secretaría de Estado de Estados Unidos, el judío sionista Henry Kissinger, se encargase de que por primera vez se brindase el máximo apoyo militar a Israel desde allí tras enredar con los árabes en secreto, con lo que la guerra fue acabada por quien la provocó, y por fin se lograba implicar del todo a los americanos. Ya vemos que lo del bárbaro acoso a los indefensos israelíes es un mito. Luego vino lo de Líbano (desde que soltaron el Sinaí con lo de Camp David hasta el fin de la década de los 80).

Se habla cantidad del terrorismo suicida de los palestinos, aunque omitiendo (cosa que no hace el hijo del general israelí Matti Peled) el hecho de que muchos de éstos son originados por la desesperación a la que el gobierno de Israel somete a los árabes. Con frecuencia se olvidan atrocidades sionistas como la masacre de Deir Yassin de las milicias colonialistas, la de Sabra y Shatila de los falangistas libaneses facilitada por los israelíes, o las dos de Qana. Se criminaliza la Intifada (el Alzamiento) mientras se respalda la represión, asfixia, y agresión invasora de los cobardes militares a los que se enfrenta este movimiento popular masivo. Más de lo mismo con los lanzamientos de misiles Qassam que se han venido sucediendo desde hace años, tema con el que Israel se comporta hipócritamente, pues mantiene dobles criterios, ya que culpa a Hamás de cualquier ataque al mismo tiempo que denuncia que algunos son realizados por grupos más pequeños, como los Comités de Resistencia Popular. En cualquier caso, recordemos que Hamás fue (según el autor Robert Dreyfuss) nutrido por el gobierno de Israel, con lo que cabe decir que ellos crearon a su enemigo y ahora lo usan como excusa para imponerse. Una prueba de que EE.UU es su pelele la tenemos en el hecho de que en 2012 éstos bloquearan la declaración del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la crítica situación en Gaza arguyendo que no contemplaba el tema de los misiles. Finalmente, llamo a tener presente la beligerancia de los judíos que hoy pedían en Jerusalem “muerte a los árabes”.

Aquí las imágenes del secuestrador y de la supuesta víctima. ¿Son el mismo?

TEEN (1)

 

Fuentes:

  • AFP
  • Reuters
  • PressTV
  • Israel Today
  • Rebelión
  • BreakingIsraelNews
  • Palestine Today
  • Haaretz
  • ElectronicIntifada
  • Yedioth Ahronoth
  • Intifada-Palestine
  • Jerusalem Post
  • Algemeiner
  • RT
  • WND
  • Prensa Latina
  • The Jewish Daily Forward
  • Contrainjerencia
  • Maan
  • LibreRed
  • HispanTV
  • Al Jazeera
  • TeleSUR

Lee Harvey Osama

Desmentido:

La veracidad de esto queda a elección del lector. Quien diga que se trata de propaganda terrorista será el verdadero terrorista. No es más que un trabajo subjetivo, informal, y aficionado, por lo que no busco el reconocimiento de lo que expreso aquí como un hecho. Nadie debería indignarse porque cuente mi verdad. Condeno la violencia. Si algo se puede cuestionar de mí será mi visión de la realidad, no mis principios y mis valores. En caso de equivocarme no será en la intención. Ni estoy a favor del terrorismo ni sostengo una definición insensata de lo que no lo es, sino que simplemente no tengo la seguridad de que lo razonablemente considerable como tal por cualquiera sea imputable a alguien a quien creo defendible. Lo que he escrito es producto de mi investigación original, y reconozco que es parcial, en el sentido de que no descarto la apertura de una investigación mayor a partir de aquí. Existe un amplio universo de revisionismo de la cuestión judía. ¿No va siendo hora de que se abra uno semejante con la guerra al terror?

«La primera víctima de una guerra es la verdad».

Esquilo

A continuación me dispongo a desenmascarar una descomunal trama de propaganda negra (es decir, propaganda realizada por un bando para hacer que parezca que se trata de la propaganda del otro). Tal es el caso de las grabaciones de vídeo y audio, entrevistas y fotos supuestamente realizadas a Osama bin Laden emitidas a partir del 7 de octubre del 2001 (fecha del comienzo de la actual Guerra de Afganistán).

Lo hago motivado por la reciente emisión de la noticia de la supuesta muerte de Osama, puesto que ésta llega justo a tiempo para salvar la popularidad del presidente americano Barack Obama y lo cierto es que el supuesto terrorista ya había sido declarado muerto por otras fuentes en el pasado con más credibilidad, por lo que voy a desmontar la imagen de éste que nos han vendido.

Empecemos destacando que muchos consideran que el 11-S fue una operación de bandera falsa (es decir, un ataque real o simulado realizado para justificar los intereses del bando supuestamente atacado), si bien no se abordará aquí en profundidad la cuestión sobre su autoría, pues de lo que se trata principalmente en este caso es, en cambio, de su alegado planeador, de Osama bin Laden.

Básicamente todo lo importante que se cree conocer sobre él es a posteriori y mucho de ello probablemente fabricado, por lo que cabe destacar aquí la importancia del ecuador marcado por el comienzo de la ya referida Guerra de Afganistán. Aquí defenderemos que todo el material gráfico y audiovisual de Osama surgido tras el comienzo de ésta es falso, pues éste se emitió aprovechando que ya había sido anulado.

Con todo, lo cierto es que, durante la Guerra Fría, Osama bin Laden gozó de popularidad como un campeón de su religión que había puesto la parte que le correspondía de la fortuna de su prominente familia al servicio de la insurgencia que se enfrentó a los injustos infieles comunistas en Afganistán; un ejemplar muyahidín salafista (i.e., un practicante de la yijad defensor de la pureza del Islam suní).

A su vuelta a Arabia Saudí, Osama fue reconocido como un héroe. Su disidencia del régimen de ese país le valió un gran apoyo de su gente. Según escribía el arabista francés Gilles Kepel antes del 11-S, la “riqueza y generosidad (…), simplicidad de (…) comportamiento, encanto personal y (…) valor en la batalla” de este hombre del que estamos tratando habrían sido “legendarios”.

Obsérvese por otra parte cómo se ha extrapolado el término “yijad” (que en árabe significa simplemente “lucha”) para hacerlo sinónimo de “Guerra Santa” (un concepto que en realidad alude a una cruzada cristiana), así como llamado wahabista a quien, al igual que éstos, se puede llamar salafista (algo que se ha hecho con Osama, cuya descripción oficial como tal no tiene base real).

Esta forma de aprovecharse de la amalgama de los conceptos del mundo islámico para dar lugar a confusión y manipular ha sido virulentamente ejercida contra Osama, de quien también se ha acreditado falsamente que era qutbista para asociarle (como lo han hecho otras falsas informaciones durante la guerra) a la Hermandad Musulmana (acerca de la cual verteremos interesantes sospechas).

Sin duda, en este asunto, como en tantos otros de la historia oficial, se ha mezclado lo verdadero con lo falso para dar lugar a una “hiperrealidad” (como lo llamaría Umberto Eco) que bien lejos queda de los hechos originales pero que sin embargo comparte un mismo molde con éstos (a pesar de que cualquier parecido entre la versión políticamente correcta y la verdad sea pura casualidad).

Ahora bien, antes del siglo XXI, para quien no quisiera creerse nada que viniese del “sistema”, Osama bien podría ser venerado como un revolucionario de culto por su sólida denuncia de los males a los que decía enfrentarse en su fatua (decreto) de 1996, titulada “Declaración de guerra contra los americanos ocupando la Tierra de los Dos Lugares Sagrados” y conocida como la “epístola ladenesa”.

“Sistema” se refiere, por cierto, a calumnias de traidores, farsantes, y demás falsos confidentes (comprados, chantajeados, amenazados, o torturados); desinformación, mitos, bulos y distorsiones de corruptos y controlados medios de comunicación corporativos y demás; e invenciones acreditadas sólo por el papel mojado y dudosas pruebas de las instituciones gubernamentales americanas y cía.; etc.

Por otra parte, el principal experto en Osama, Peter Bergen, merece nuestro veto, pues éste es miembro del grupo que sucedió a la Comisión 11-S (emisora de las mentiras oficiales sobre el 11-S) y del Consejo de Relaciones Exteriores o CFR (el cual ostenta la soberanía fáctica de EE.UU). Bergen es una especie de relaciones públicas de la CIA (normal, pues se ha dicho que ésta es el brazo armado del citado CFR).

De todos modos, en la primera entrevista televisiva hecha a Osama (1997, CNN), que fue realizada por éste, tal como en la de John Miller (1998, ABC), el yijadista, más allá de lo que se dijera de él o por él, dejó clara su auténtica verdad mediante lo que él dijo. Su declaración de guerra a América decía basarse en la injusticia que ésta cometería contra los musulmanes, más específicamente los árabes.

En la mentada entrevista de Bergen, Osama expresaba que tanto la inoperancia de Naciones Unidas como su consentimiento de la política exterior de los americanos y colaboración con los mismos obligaban al empleo de la acción directa armada con el propósito de cambiar el paradigma en beneficio de su causa. Pero nuestro hombre era noble, pues no buscaba el mal para los inocentes.

Además, en la susodicha entrevista, Osama demandaba la retirada de las tropas americanas de Arabia y un régimen en ésta que no fuese cómplice de intereses occidentales regido por un Islam puro que no dejaría cabida a los infieles, sobre cuyos civiles afirmaba, eso sí, que no los tenía como objetivo. También demandaba algo tan razonable como el cese de la ocupación israelí de territorios palestinos.

Como ya hemos dicho, en 1996 Osama había emitido su fatua declarándole la guerra a EE.UU. Otra comunicada en su nombre y a título del Frente Islámico Internacional titulada “Yijad contra judíos y cruzados”, la cual incita a matar también a civiles, fue difundida en 1998 por el periódico londinense Al Quds Al Arabi, cuyo jefe de redacción, Abdel Bari Atwan, le había entrevistado dos años antes.

Sin embargo, cabe destacar que, entre las firmas de esta segunda fatua, se incluía la del jefe de la Yijad Islámica Aymán al-Zawahirí, a quien hasta el periodista de la versión oficial Lawrence Wright (ganador del Pulitzer y negador de la red satánica de poder que, como buen desinformador, da una de cal y otra de arena) considera como el verdadero autor de la mayor parte pese a que ésta fuese comunicada en nombre de Osama.

Unos meses después, Osama celebró una conferencia de prensa para publicitar dicha segunda fatua, lo que supuestamente daría fe de su ratificación de la misma si no fuera porque en esa conferencia sólo pronunció un discurso que servía para referirse a las dos fatuas que se le atribuyen (la de agosto de 1996 declarando la guerra a EE.UU, y la de febrero de 1998 llamando a la yijad).

No hay nada, a pesar de todo, que demuestre definitivamente que el Osama anterior a la guerra (que es el verdadero) respaldase el asesinato de inocentes como se aboga en la susodicha segunda fatua (la asesina), aún cuando fue, no cabe duda, uno de los firmantes, si bien no sería el único caso de alguien a quien engañaron para que diera su respaldo (véase si no el caso de Ahmed Refai Taha).

De hecho, Al Jazeera publicó las palabras de Osama en diciembre de ese mismo año afirmando que él y su gente diferenciaban entre hombres y mujeres y entre niños y ancianos, no como los hipócritas infieles que predican una cosa y hacen otra. La transición gradual a la postura contraria por parte del muyahidín no se dio antes, sino, curiosamente, después de empezar la guerra.

En las declaraciones de Osama a Miller (que fue amadrinado por la mujer del mafioso Frank Costello y está casado con la familia judía sionista Lehman), la postura del primero quedó clara cuando contestó con ironía que es EE.UU quien no sabe diferenciar entre militares y civiles, citando como ejemplo las bombas atómicas lanzadas sobre Japón. Claramente, nuestro hombre sí sabía diferenciar.

No obstante, Osama había sido reclamado antes por la INTERPOL por su implicación en el asesinato de dos alemanes en Libia en 1994. Esto se podría usar para desmontar lo que digo sólo si se olvidase que nunca fue juzgado por tal cosa (y se supone que uno es inocente de aquello que se le imputa hasta que se demuestre lo contrario). Pero este tipo de casos es muy viejo y se llama “asesinato del personaje”.

En cualquier caso, Osama también fue implicado en actos de auténtico terrorismo a nivel internacional, razón por la que, junto a su denuncia de la corrupción de las mismas, fue puesto en busca por las Naciones Unidas. Fue acusado, entre otras cosas, del primer ataque al World Trade Center, así como de la Operación Bojinka, aunque él negó haber conocido a Ramzi Yousef (el que habría sido responsable de ambos)

En cambio, la campaña contra él despegó cuando también le fueron imputados los atentados contra las embajadas americanas de Kenya y Tanzania, los cuales él mismo se consideró responsable de haber incitado con sus palabras en una entrevista concedida a Time publicada en enero de 1999, si bien, tal como salió en Al Jazeera, no asumía directamente los cargos.

Pero para que nuestro hombre sea inocente de aquello de lo que se le acusó después, podría tener que haberle traicionado quien teóricamente estaba asociado a él. Mas, ¿por qué iba a suceder esto? Quizá porque tal vez la Hermandad Musulmana sea, como afirma Robert Dreyfuss, una organización de raíces masónicas que ha venido siendo un frente de la inteligencia occidental.

Ningún testimonio de los presos de la infame prisión de Guantánamo, como ninguno de cualquiera de los que han sido torturados en las también infames prisiones clandestinas de la CIA u otras, ha de ser dado por válido, al igual que ningún juicio amañado ni sentencia alguna de la América de la inconstitucional Ley Patriota de la administración Bush (de la que la de Obama no es sino continuadora).

Sólo tras el comienzo de la actual Guerra de Afganistán surgen afirmaciones incriminatorias de Osama y gente cercana a él. Sólo desde entonces hace nuestro hombre apología del 11-S y se muestra como un rancio retrógrado militantemente talibanista, visceralmente antisemita, y agradecido por la muerte de inocentes, lo que nos permite situar la frontera entre realidad e ilusión en ese momento.

Nótese que incluso la relación circunstancial del verdadero Osama con individuos condenables (algo que se comprenderá cuando explique la farsa de Al Qaeda) no es suficiente para condenarle a él (véase lo dicho por su entrevistador Baker Atyani, que admitió que no daba la sensación de que hubiera subordinación entre Al-Zawahirí y él, como dice la versión oficial sobre Al Qaeda, sino de que ambos eran líderes).

En un vídeo de propaganda de un grupo de gente que incluía a Osama, muy oportunamente sacado por el diario kuwaití Al Rai unos meses antes del 11-S (a pesar de que sería anterior), aquél aparecía dando un discurso en el que se dirigía a los palestinos diciendo “sangre, sangre y destrucción, destrucción”, lo que se ha considerado una llamada a la barbarie antisemita.

Esto es así aún cuando lo cierto es que podría tratarse en realidad de un lamento por la sangre palestina derramada y la destrucción israelí, si bien tras comenzar la guerra salió una grabación en la que Osama reclamaba “sangre por sangre” y “destrucción por destrucción”, obviamente realizada y difundida para matizar las palabras de nuestro hombre retrospectivamente y así apuntalar la versión oficial.

Pero, sea como fuere, alguien podría apuntar aquí, no obstante, que en septiembre del año anterior Osama salió en Al Jazeera junto a otros reclamando la liberación del “Jeque Ciego” (para ellos víctima de una conspiración), cuyo hijo Mohammed incitó precisamente a “derramar sangre” (aunque las palabras pronunciadas por Osama no fueron exaltadas y éste mantuvo un talante respetable en ellas).

Mas yo le haría notar a ése que la relación entre ambas declaraciones es totalmente supuesta. Ahora bien, en el vídeo de Al Rai, Osama comunica a los muyahidines que sus hermanos en Palestina les esperan y es hora de penetrar América e Israel para dar donde más duele, algo que sería defendible como lenguaje típico de la guerra de no ser porque también llama a “masacrar a EE.UU e Israel”.

Nótese sobre esto último que la traducción puede ser interesada aquí, aunque palabras como “masacrar” forman igualmente parte del argot guerrero usado por los propios americanos cuando lo creen justo. El mentado vídeo no está, por cierto, vinculado con el 11-S, puesto que, como ya se ha dicho, éste es en realidad muy anterior, siendo su relación con esa fecha un producto del propio medio de comunicación que lo emitió.

Al Qaeda, el grupo terrorista que habría sido fundado a finales de los años 80 por Osama, habría sido desapercibida hasta la llegada de los informes del supuesto desertor Jamal al-Fadl, a partir de lo que se empezó a reportar la versión oficial sobre ella (que, irónicamente, es una teoría conspirativa), la cual ha originado una millonaria industria de falso periodismo y literatura basura.

Llega a ser repelente comprobar cómo se emplean dobles criterios hipócritamente, pues la base epistemológica de las acusaciones a Osama es bastante similar a la empleada en sus argumentos por los conspiracionistas de segunda categoría (en algún caso, puede que peor). De tal calaña sería la nueva generación de peritos en la lucha contra el terror y demás periodistas enterados en el tema.

Buen ejemplo de ello lo constituyen Roland Jacquard (pretendido experto en terrorismo que supuestamente predijo el 11-S), considerado un fraude por otros periodistas, o The Long War Journal, diario en línea cuyos informes falsos son sonados y que forma parte de un controvertido think tank neoconservador financiado por célebres judíos sionistas como los Abramson o los Bronfman.

La existencia de esta putativa organización nombrada “Al Qaeda” (de la cual no se percibió ninguna manifestación abierta antes de la actual Guerra de Afganistán por ser supuestamente por entonces un secreto, tal como cuenta Wright) no fue establecida hasta después de que EE.UU acusase a varias personas de lo de sus embajadas en el este de África (he aquí un punto de inflexión).

En ese entonces, Al-Fadl y otras fuentes atestiguaron la existencia de una organización criminal de la que no había verdaderas evidencias, la citada Al Qaeda, logrando con ello autorizar el empleo de argumentos circunstanciales contra Osama (altos funcionarios de la CIA dijeron después en el programa El Poder de las Pesadillas de la BBC que Al-Fadl había sido pagado para hablar de dicha organización).

La para no pocos simulada Al Qaeda estaría basada en células de militantes y redes de contactos clandestinos, razón por la cual cierta gente piensa (por la propia naturaleza de la organización misma), que ésta se trata en realidad de una operación de bandera falsa global. La manipulación de la guerra al terror podría ser para ellos un proceso gradualista en la supresión de libertades civiles.

Las autoridades americanas condenaron a Osama, aún cuando los talibanes ya le habían exculpado en otoño de 1998 el mes que los EE.UU le acusaron formalmente. El juez supremo, Noor Mohammed Saqib, sostuvo que América estaba equivocada sobre el hombre y que por cualquier cosa que pasaba en el mundo le culpaban a él, pero que no le habían dado ninguna prueba.

La versión oficial del 11-S ha sido debatida hasta la saciedad, ya que la misma es harto discutible. Tanto, de hecho, que incluso existen documentales cuestionando dicha versión, tales como Fahrenheit 9/11, Loose Change 9/11, o September Clues. También existen movimientos como 9/11 Truth, 9/11 Research, o 9/11 Review. Pero, como ya dijimos, esto se dará por asumido aquí.

Debo citar, no obstante, la versión alternativa sobre el 11-S que se ha ofrecido, que es la de que los edificios del World Trade Center fueron demolidos controladamente y los vuelos oficialmente secuestrados sustituidos por réplicas o proyectiles teledirigidos (de un modo similar a lo que se pretendía en la secreta y ya desclasificada operación americana de banderas falsas conocida como Northwoods).

Todo esto es eclipsado, no obstante, por la enrevesada trama yijadista que quisieron hacernos creer que se hallaba tras los atentados del 11-S. Lo primero fue hacer que justo el día después una fuente no especificada hablase en nombre de Osama afirmando que éste negaba su implicación en dichos atentados pero se alegraba de los mismos (algo que resulta inconfirmable).

Ahora bien, tres desmentidos de Osama (uno en Al Jazeera, otro en la Afghan Islamic Press, y otro en el Daily Ummat de Pakistán) sucedieron a éste tan dudoso. Cabe destacar que estos comunicados han sido presentados como declaraciones oficiales de Al Qaeda aunque el supuesto terrorista nunca menciona ni reconoce la existencia de dicha organización en ellos.

En el de Al Jazeera dijo:

«He estado viviendo en el Emirato Islámico de Afganistán y siguiendo las reglas de sus líderes. El actual líder no me permite realizar tales operaciones».

En el de la Afghan Islamic Press, explicó:

«He hecho un juramento que no me permite hacer tales cosas desde Afganistán. Hemos sido culpados en el pasado, pero no estuvimos implicados».

Y en el del Daily Ummat, expresó:

«Ya he dicho que no he estado implicado en los ataques del 11 de septiembre en EE.UU. Como musulmán, procuro no mentir. No tenía conocimiento de estos ataques, ni considero el asesinato de mujeres, niños, y otros seres humanos inocentes un acto apreciable. El Islam prohíbe estrictamente hacer daño a mujeres, niños, y otra gente inocente. Tal práctica es prohibida incluso durante la batalla. Los EE.UU deberían buscar a los perpetradores dentro de sí mismos. (…) O aquellos que trabajan para algún otro sistema (…) Podría ser cualquiera, desde Rusia hasta Israel… (…) También hay agencias de inteligencia (…) que requieren miles de millones de dólares en fondos del Congreso y del gobierno cada año. (…) Necesitaban un enemigo. (…) ¿No es posible que exista un gobierno dentro del gobierno de EE.UU? Debería preguntarse a ese gobierno secreto quién hizo los ataques».

Osama pasó misteriosamente de decir esto a confirmar con total naturalidad su autoría en un vídeo en el 2004. Una anécdota graciosa sobre el citado vídeo es, por cierto, la de que el subdirector de la CIA John E. McLaughlin bromeó que con éste “Bin Laden ciertamente le hizo un bonito favor al presidente” (pues el mismo parecía estar diseñado para favorecer a Bush en las inminentes elecciones).

De cualquier forma, EE.UU desestimó tras el 11-S las solicitudes de reconocimiento de los talibanes a cambio de su colaboración para esclarecer lo sucedido y en breve ya estaba bombardeando a la población afgana. Periodistas que no difamaron a Osama antes empezarían a hacerlo a continuación (como Hamid Mir, charlatán acusado de espía), algo parecido a lo hecho por ciertos “allegados suyos” tras comenzar la guerra.

Ahora bien, a partir del 7 de octubre del 2001, con el citado comienzo de la actual Guerra de Afganistán (la cual había sido velozmente justificada manipulando el temor público), Osama ya no tenía versión, con lo que había pista libre para su difamación. Así, tras el primer bombardeo sobre ese país, surgió el primer vídeo de propaganda americana en el que nos muestran una versión vengativa de él.

Mas, ¿cómo sería posible sustituir a Osama? Muy fácil: no hay forma de distinguir la voz de alguien de una que la imita sin suficiente muestreo (y según el Instituto de Investigación Idiap no lo hay de él), y no es difícil “arreglar” a alguien parecido a otra persona para que sea virtualmente idéntico a ésta (sobre todo si la cara de ésta está enmascarada por una barba, un gorro, y unas greñas).

Es algo de toda la vida lo de los “señuelos políticos” (dobles casi absolutamente indistinguibles de una persona a la que interesa suplantar). El caso más famoso que se ha alegado a este respecto es el de Saddam Hussein. Pero, ¿qué hay de Osama? Era la hora del falso Osama, tanto en mensajes como en entrevistas y fotografías más que probablemente adulteradas.

Las grabaciones del “Osama malvado” respaldando a autores disidentes del sistema, famosas teorías conspirativas, o causas nobles, no son sino (simplemente) una operación psicológica. Se trata de poner en boca del “enemigo” la verdad para que así la gente tienda a rechazarla. “Estás pensando como los terroristas”. George Orwell advirtió ya contra esta criminalización del pensamiento (el “crimental”) en su obra 1984.

Como dijo Francesco Cossiga (aunque él lo hiciera con ironía), todo el mundo sabe (incluso Eminem, añadiré yo con no menos ironía) que no hay quien se crea el material audiovisual de Osama producido durante la guerra. Basta con un buen actor razonablemente parecido y debidamente caracterizado (puede que incluso con cirugía) con la voz reproducida por él o artificialmente e imágenes retocadas.

Pero, ¿qué pruebas hay de todo esto? La fundamental es la del anillo. Resulta que un islamista no podría portar un sello como el que luce Osama en algunos de sus vídeos (ya sea éste de oro o simplemente dorado, pues en realidad el Islam prohíbe cualquier joya que no sea de plata). No siempre lo lleva después, pero desde luego, nunca lo llevó antes de que comenzase la propaganda de guerra americana.

Aunque, si el supuesto montaje es tan sofisticado, ¿por qué iban a dejar escapar ese detalle? Pues, sencillamente, porque tal vez alguien plantó la pista para que se supiese la verdad. Creyendo en dicha hipotética verdad, yo estoy convencido de que el verdadero Osama era un guerrero, no un terrorista, así como, por tanto, de que ha sido víctima de un juego de manos para vilipendiarle.

 

InhumanoEl joven Osama bin Laden descansando de su yijad anticomunista.

Osama para Fisk

Osama para la entrevista de Robert Fisk (1993), quien le retrató positivamente.

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Osama emitiendo su audaz fatua contra EE.UU.

Osama bin Laden cayendo en la trampaOsama fue engañado para respaldar la muerte de civiles (fatua de 1998).

4-11-10-01resaltadoLa entrevista al falso Osama de Taysir Aluni (11-8-01). Obsérvese el anillo.

6-9-11-01resaltado

Osama de pega en el vídeo atribuido al 9 de noviembre del 2001. Otra vez el anillo.

Falso Osama 4El navideño mensaje de un Osama postizo en el 2001. Una vez más, el anillo.

Falso Osama 5

Impostor de Osama. Nótese, por enésima vez, el anillo.

Files : Osama Bin Laden Killed by US Forces

La imagen más famosa del Osama real. Nótese la ausencia de anillo alguno.