Consecuencias y causas del 13-N

Tras los recientes atentados de París, el presidente francés, François Hollande, en una oportunista e irresponsable búsqueda de protagonismo y poder, ha intentado involucrar nada menos que a todos los aliados del tratado atlántico en el conflicto de Siria, y lo llamo irresponsable por las potenciales consecuencias que esto tendría, pues dicho conflicto sería contra un enemigo llamado Islamic State of Irak and Siria (ISIS), lo que para cualquier persona que sepa leer, incluso si no sabe inglés, implicaría una guerra total que nos llevaría, una vez más, al dichoso Irak, y el problema, para los que pudieran andar despistados mientras otros seguíamos de cerca la evolución del embrollo, es que la mayor oposición a este pretendido Estado Islámico en ese país son Irán y las milicias chiítas con la complicidad por conveniencia de Hezbolá, el verdadero archienemigo de Israel, que con esto se vería beneficiado. Lo más interesante, en cambio, es que donde más lo serían estos terroristas de los que no se está hablando sería en Líbano, lugar en el que nos dijeron poco antes de lo de París que recibieron un duro golpe por parte de un ISIS cuyo destino tras la demandada acometida de los aliados sería la extinción. Esto, sumado a la insurgencia en curso de los palestinos contra los israelíes y la consecuencia que ello tendría en la parte de Hamás (el movimiento islámico palestino) con la respuesta de Israel, que en teoría cuenta con el respeto de un Egipto desde donde también se nos acaba de decir que el ISIS ha atentado contra Rusia, cuya intervención allí podría suscitar una coalición de éstos con los elementos más radicalmente anti-israelíes que participaron en los recientes cambios del país, haría que la contienda se desplegase de tal manera que una mayor lo hiciera entre una coalición irakí-iraní y una árabe al ser inaceptable para saudíes y compañía la expansión de la influencia del Irán chií, lo cual arrastraría por supuesto a las dos grandes potencias, Estados Unidos y Rusia, a una especie de Armagedón que finalmente pudiera resultar en un status quo consistente en un Oriente Medio generalmente desolado y en el que sólo quedarían frente a frente las fuerzas opuestas a Israel y el inmenso potencial militar de éste (tal vez tras la destrucción de los corroídos despojos de la vapuleada comunidad palestina en acciones de represalia acometidas por dicho estado que hubieran podido tener lugar entremedias de todo este tinglado). El resultado podría y posiblemente busca ser la expansión sionista en toda la región.

La versión oficial nos contó que el ISIS recibió muchas de sus armas por la retirada del ejército iraquí de Mosul, pero eso es, como de costumbre, falso, puesto que ya disponían de gran cantidad antes de la toma de la ciudad, la mayoría de EE.UU, quienes les armaron y apoyaron para derrocar a Al-Assad en Siria. El Premio Pulitzer Seymour Hersh explicó cómo tras el derrocamiento de Gadaffi en Libia un acuerdo secreto alcanzado a principios de 2012 entre las administraciones americana y turca establecían la financiación desde Turquía, Arabia Saudí, y Qatar de los insurgentes sirios, los cuales serían armados por la CIA y el MI6 con los arsenales de Gaddafi. En abril del año pasado se informó de que EE.UU proporcionaba armas a Al-Nusra y otros grupos terroristas en Siria a través de mercenarios “moderados”. Jamal Maarouf, dirigente del Frente Revolucionario Sirio (SRF), creado por la CIA, Arabia Saudí y la inteligencia qatarí, dijo que si las personas que les apoyaban les ordenaban enviar armas a otro grupo, ellos las enviaban. “Hacemos lo que nos piden”, dijeron textualmente, con lo que debemos entender que si de acuerdo con Barak Barfi (de la Fundación Nueva América), Al-Nusra, el grupo vinculado a Al Qaeda conocido por decapitar cristianos (en cuya creación resultó clave Abu Bakr al-Baghdadi, líder del ISIS que lo anexionó a éste) recibía armas indirectamente del SRF, esto se estaba haciendo bajo mandato de EE.UU, lo que también significa que el vigente proceso de división de Irak en zonas religiosas y sectarias está siendo ejecutado por éstos, algo que en realidad fue el plan desde el principio, concebido en un primer momento por los neoconservadores de Bush en un escrito del israelí Instituto para Estudios Políticos y Estratégicos Avanzados que pedía derrocar a Saddam Hussein y librar una guerra en Siria. Antes de eso, Oded Yinon escribió El plan sionista para Oriente Medio, donde proponía la disgregación de todos los estados árabes por Israel en unidades pequeñas y la disolución de Siria e Irak en partes étnica y religiosamente diferentes. Los estados árabes y musulmanes serían destruidos desde dentro mediante la explotación de sus propias diferencias. Resulta que no sólo no es ningún error pensar que Israel está interesado en que pase exactamente lo que ha venido sucediendo, sino que está claro que ellos han sido los arquitectos. Esto explica por qué recientemente se ha incluido a los niños palestinos sublevados contra la ocupación israelí en discursos sobre la escalada de terrorismo en Oriente Medio.

Sobre esto último, únicamente cabe aclarar, para la refutación de las falsas creencias que se están construyendo (como siempre) en torno a los palestinos, lo que decía el 16 de octubre un artículo de Robert Fantina para Counterpunch:

«¿No ha oído hablar la Sra. Clinton de los continuos ataques contra los palestinos por terroristas del ejército israelí y los colonos ilegales? Hay que recordarle la muerte de la pequeña que murió hace unas semanas, quemada por un colono ilegal que todavía no ha sido acusado de ningún crimen. O tal vez hay que llamar su atención sobre los más de 10 palestinos, jóvenes de hasta 13 años, desarmados y asesinados a tiros a quemarropa. El vídeo de una joven mujer palestina, con sus manos en el aire, rodeada por terroristas del ejército y muerta a tiros se encuentra fácilmente en la red. ¿No tiene nada que decir la señora Clinton al respecto?

[…]

¿Es más trágico que hayan muerto siete israelíes que 28 palestinos desde el 1 de octubre? Tal vez haya que recordar a la Clinton que los colonos israelíes, que viven en Cisjordania desafiando el derecho internacional, tienen la protección absoluta de los soldados del ejército cuando atacan a los palestinos. También, los israelíes tienen todas las ventajas que les suministra la ayuda militar de EE.UU. Se ha informado de que un ataque palestino a un israelí fue realizado con un mondador de vegetales. Cualquier persona pensante reconocería la desesperación que indica este caso. Los palestinos utilizan generalmente cualquier medio a su disposición, normalmente solo piedras, para oponerse a sus brutales ocupantes. Y ahora los israelíes pueden matar a tiros a cualquiera que les lance una piedra.»

Se podría seguir, pero con esto se obtiene una muestra de la hipocresía de nuestras fuentes “más respetables” sobre este asunto al que los timoratos califican de “espinoso” y “delicado” y los valientes de “indignante” y “desproporcionado”.

No es un delirio: la muerte de Chávez sí fue un complot

Tras la muerte de Hugo Chávez resulta que han comenzado a surgir rumores que tal como se venía sabiendo por lo filtrado por los propios cenáculos occidentales, dado que el opositor Henrique Capriles Radonski es el candidato conveniente para éstos y que las operaciones comerciales convenientes para los mismos dependen del cambio de régimen en Venezuela en favor del paradigma de las naciones occidentalizadas (con Capriles o por cualquier otro medio) así como por el hecho de que desde hace tiempo se viene deduciendo por los investigadores críticos la vinculación del ejército venezolano con los intereses de EE.UU por la capacidad de influencia de éstos, llaman a la sospecha de que los norteamericanos pudieran comprar al ejército de Venezuela para instituir a Capriles en el poder. El Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) de los Rockefeller elaboró un artículo antes de las últimas elecciones diciendo que Capriles (del interés americano) no ganaría, y que deberían esperar a un empeoramiento de Chávez, o sea, a que éste muriese. Lo inquietante es que supieron calcular con sorprendente precisión la época en la que habrían de elaborar sus operaciones político-comerciales favorecidas por la muerte del presidente. ¡Prácticamente sabían cuándo moriría! También andaban tramando desde tan atrás lo que debían hacer para instaurar su propio régimen en Venezuela a su muerte. ¡Lo tenían todo calculado! En contra de lo que digan los medios divulgativos occidentales, esto incrimina claramente al aparato de la administración americana, que como se sabe está al servicio del CFR. El artículo de dicho organismo era como sigue:

»Opciones de mitigación

En el caso de que el gobierno orqueste o se aproveche de una violenta reacción popular a la derrota de Chávez, su muerte o su incapacitación, para suspender las libertades civiles y gobernar bajo un estado renovable de excepción, EE.UU podría tomar o promover varias medidas con el fin de acelerar el retorno a la democracia. La probabilidad de éxito de los esfuerzos unilaterales de EE.UU es baja, las actividades multilaterales que incluyen otros actores regionales importantes tienen muchas más probabilidades de influir en el comportamiento de Venezuela.

Opciones diplomáticas

Junto con naciones afines a sus ideales, EE.UU podría exigir a la OEA que declare a Venezuela en incumplimiento de sus obligaciones como signatario de la Carta Democrática Interamericana y fomentar una misión del secretario general dirigida a Caracas. (Nota: Sería difícil generar el consenso para una condena de Venezuela en la OEA, pero el secretario general puede llevar a cabo tal misión por su propia autoridad, y aún así una misión liderada por el secretario general requeriría la aquiescencia de Venezuela para entrar en el país) Venezuela podría entender que si las organizaciones regionales y subregionales determinan que el país ya no es una democracia que funciona, el gobierno deba ser suspendido como ha ocurrido recientemente con Honduras y Paraguay.

EE.UU podría llevar el tema de la democracia en Venezuela ante las Naciones Unidas y desde el Consejo de Seguridad instan a la ONU a aprobar una misión de determinación de hechos, o que apoyen explícitamente los esfuerzos regionales para restaurar la democracia. Junto con otros socios internacionales, incluida la Unión Europea, EE.UU podría apoyar las ofertas de mediación.

Si resulta difícil conseguir que la OEA o la ONU se involucren en los esfuerzos de mitigación, los EE.UU podrían proponer una delegación de ministros de Relaciones Exteriores para viajar a Caracas con el fin de actuar sobre las autoridades venezolanas.

USA podría suspender los visados para todos los individuos (funcionarios y no oficiales, el gobierno y la oposición) que sean tomados por partícipes en el desencadenamiento de la violencia o el menoscabo de la democracia, o suspender los servicios normales de adjudicación de visas en la embajada de EE.UU en espera de una resolución de la crisis.

Opciones de Economía y Finanzas

En el caso de violencia o interrupción de la democracia, EE.UU podría congelar las cuentas bancarias individuales de las figuras clave involucradas o responsables y embargar bienes en USA. También podría disponer del producto de propiedad del gobierno venezolano entidades corporativas como CITGO, que se celebrará en las cuentas de depósito en garantía hasta que se restaure la democracia y alentar a otros socios comerciales importantes (por ejemplo, Canadá, España, Francia, Brasil) para hacer lo mismo.

Si otras formas de presión no pueden tener un efecto, EE.UU podría bloquear el acceso a las instalaciones de refinamiento de CITGO en EE.UU y considerar prohibir la venta de petróleo de PDVSA a EE.UU, mientras que el estado del gobierno es incierto.

Opciones militares

USA podría alentar a otros militares latinoamericanos, así como tal vez los españoles, a comunicar al ejército venezolano la importancia de cumplir con los mandatos constitucionales, respetando los derechos humanos y la preservación de la democracia. Mientras que los partidarios de Chávez dominan el alto mando de Venezuela, no está claro hasta qué punto controlan los mandos medios. Tampoco está claro en qué medida la lealtad de los militares al movimiento bolivariano de Chávez triunfaría sobre otras consideraciones. En el fallido golpe militar de 2002, Chávez se retiró temporalmente, pero también le fue devuelto el poder.

La participación militar directa parece inapropiada. EE.UU nunca ha intervenido unilateralmente en un conflicto interno de América del Sur a través del ejército (a pesar de las críticas al Plan Colombia), y de hacerlo ahora  posiblemente la mayor parte de Sudamérica se pondría de parte de Chávez y /o su sucesor. Muchos países latinoamericanos son profundamente reacios a intervenir o incluso comentar los asuntos internos de sus vecinos hemisféricos. A pesar de la intervención militar multilateral incluso en las peores circunstancias (Haití) es casi impensable.«

Por todo esto, el posible colapso de la situación venezolana que fácilmente se puede deducir de las consecuencias de la muerte de Chávez, tal como es visible, beneficia a los intereses de los poderes fácticos que buscan aumentar su influencia y poder empleando como instrumento el aparato del estado americano que se encuentra bajo su control, dado que tanto el conflicto y el ascenso de su candidato (Capriles) como la otra opción, la siembra del caos, supondrían la implantación de su paradigma en Venezuela, bien por vías “legítimas”, por la justificación de una invasión producida por un oportuno estado de emergencia, o incluso también por una conspiración a través de la infiltración en el propio ejército venezolano (como ya se contempló antes). De este modo, ha de tenerse de nuevo en cuenta las afirmaciones del CFR, que disparan la sospecha sobre la verdadera autoría de todos estos hechos, en este informe donde estudia previamente todas las herramientas a disposición de EE.UU para tomar el control de Venezuela en caso de que se vulnerase la su dudosa democracia a partir de la muerte del Jefe del Estado, tal como antes se ha expuesto, puesto que así parece inevitable que surja la sensación de que todo esto beneficia sospechosamente a los intereses de dichos poderes. Igualmente, cabe añadir que ante la posibilidad de la muerte de Chávez, a finales del pasado año un asociado veterano en el Centro Nacional Australiano de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional de Australia llamado Sean Burges se refirió a un artículo de la Constitución venezolana que explica lo que debe suceder cuando un presidente muere. Según Burges, el artículo 232 de la Constitución venezolana se dirige a dos escenarios directamente relacionadas con la enfermedad de Chávez. En primer lugar, si un presidente electo no pudiera tomar posesión de su cargo para iniciar su mandato, la Constitución exige una nueva elección presidencial. En segundo lugar, deben llevarse a cabo nuevas elecciones presidenciales si un presidente muere, renuncia, o es despedido de la presidencia dentro de los primeros cuatro años de su mandato. Mientras Chávez estaba al parecer muy enfermo para rendir su juramento, la cúpula de Venezuela dictaminó que podía sobrevivir, descartando las elecciones a principios de este año. Sin embargo, si Chávez muriese pronto (decía Burges antes de la efectiva muerte de éste), la Constitución dice que las elecciones deben realizarse dentro de los 30 días consiguientes, lo que significa que su heredero, Maduro, sería el presidente durante menos de un mes antes de las elecciones, de modo que de decidir competir por la elección se enfrentaría al líder opositor Henrique Capriles, un político joven y carismático receptor del 46% de los votos cuando compitió contra Chávez en octubre que, como ya se sabe, es el famoso testaferro de los poderes americanos. Muchos han sospechado, sin embargo, que Diosdado Cabello, ponente en el Congreso de Venezuela y aliado de la línea dura chavista, pudiera iniciar una pugna por la presidencia, lo que forzaría a un conflicto interno (y posible desintegración) al Partido Socialista Unido en Venezuela.

La preocupación es que sin el culto a la personalidad de Chávez la política venezolana podría caer en el descontrol. En un país con una corrupción generalizada, un ejército con demasiado poder, y vinculado con el tráfico de drogas, esto es especialmente aterrador. Incluso antes de las elecciones de octubre se postulaba la posibilidad de un conflicto armado generalizado si Chávez no fuera elegido, algo a lo que ha de añadirse el crecimiento de producción monetaria del país y el déficit que cualquier nuevo líder puede encontrar imposible de manejar. La teoría de la conspiración golpista occidental vino a ser precisamente avalada en la televisión estatal venezolana cuando, en una actualización sobre la salud del presidente Hugo Chávez que se realizó en ella, el vicepresidente Nicolás Maduro aseguró al país que Chávez todavía estaba vivo pero se enfrentaba a serias complicaciones en su batalla contra el cáncer, si bien gran parte de la declaración se centró en su alegación de una hipotética conspiración encabezada por EE.UU contra el país. Maduro dijo que el gobierno había descubierto que un funcionario de la embajada norteamericana estaba actuando en perjuicio de las Fuerzas Armadas de Venezuela, para así ponerse en contacto con los oficiales y proponer un plan para desestabilizar el país. Este hombre del que se trataba en el comunicado era un afiliado a las Fuerzas Aéreas llamado David del Mónaco y se le dio 24 horas para salir del país. Maduro dijo que se tomarían “medidas especiales” para evitar conspiraciones de la derecha. Vale la pena señalar que el gobierno venezolano acusó a EE.UU de un complot similar en 2008, cuando expulsó al entonces embajador Patrick Duddy. El vicepresidente también dijo previamente a la prensa que él mismo ha sido objeto de un plan de asesinato. Sin embargo, a muchos les “sonará extraño” lo que hasta este momento se ha venido tratando de una manera tangencial, que es la posibilidad de que la muerte de Hugo Chávez haya sido premeditada ¿cómo se puede provocar una muerte tan aparentemente natural como la de un cáncer? De entrada, sí que existen pruebas circunstanciales de que desde luego ha habido un esfuerzo por atentar contra su vida, a pesar de que éste pueda por el momento ser considerado a posteriori de la aparición de la propia enfermedad. Fue cuando a Chávez le conectaron a respiración asistida mecánicamente en su última etapa de vida (lo cual indica que uno ya está estancado en la inutilidad, que es irrecuperable) que comenzaron a aplicarle un tratamiento tan sumamente agresivo como la quimioterapia, la cual lleva al borde de la muerte. ¿Para qué llevarle al umbral de la vida cuando ya se sabe que no podrá ser recuperado? Parece que alguien intentaba acelerar el proceso. Pero esto no es todo, porque en la famosa comparecencia de la “actualización sobre la salud” Maduro también aprovechó para decir que los enemigos de Chávez le habían perjudicado con intrigas estableciendo un paralelismo con la muerte de Arafat. Aún así, Maduro va aún más lejos de la teoría de la “aceleración del proceso natural de muerte” y dice que una “comisión científica” hallará a la larga pruebas de que la propia enfermedad de Chávez fue causada por una especie de “contaminación”. Curiosamente, poco después se ha declarado el Estado de Emergencia en Venezuela, y el ejército se ha hecho con el control, tal como la teoría de la conspiración aseguraba que podría suceder y habían previsto desde el CFR. Ningún lugarteniente de Chávez goza del suficiente apoyo público, y el movimiento chavista está empezando a desvertebrarse, tal como se desea.

A parte de esto, existe también un artículo por parte de un tal Francis Quartararo, de la prensa de investigación independiente, que acredita que la “atmósfera circunstancial” mencionada por Maduro efectivamente tuvo lugar y que, haya o no habido de hecho un complot para acabar con la vida de Chávez, el ambiente de infiltración de la inteligencia americana en Venezuela desde luego lo favorecía idóneamente (además, según los archivos clasificados filtrados por Wikileaks, la línea de la actuación americana apuntaba en esa dirección):

»Wikileaks apunta hacia la tesis del homicidio de Chávez

Aprovechando los documentos de Wikileaks, somos capaces de reconstruir los movimientos de inteligencia ocurridos en Venezuela antes del empeoramiento de la salud de Chávez.

En este caso, hay dos aspectos que se destacan. El primero se refiere a Stratfor, una compañía que se ocupa de asuntos de inteligencia, así como de ser cooperadora de EE.UU. Por su parte, el Departamento de Seguridad Nacional, la Infantería de Marina y las agencias de inteligencia de EE.UU, son clientes de una serie de empresas privadas vinculadas al sector militar como Bhopal Dow Chemical Co., Lockheed Martin, Northrop Grumman, o Raytheon.

El segundo aspecto se refiere a LONA, un nuevo sector de inteligencia de USA, instalado en Serbia, que se ha convertido en el protagonista de una serie de procesos relacionados con la aplicación de técnicas especiales explotadas a fondo después de los traumáticos cambios generados por la Primavera Árabe de 2011.

El LONA, o Centro para la Aplicación de Estrategias y Acciones No Violentas, ha estado activo en Venezuela, exigiendo el apoyo logístico de Stratfor, como lo demuestra un mensaje a través de uno de los cables de Wikileaks:

“Cuando alguien pide ayuda, como en el caso de Venezuela, nos preguntamos ‘¿y cómo lo harías?’. Lo que eso significa es que antes se hace un análisis de la situación (archivo ‘.doc’ que te envié) y luego viene la ‘Misión’ (aún por implementar) y el ‘concepto operacional’, que es el plan para el país. En este caso tenemos tres campañas: unificar a la oposición, una campaña para las elecciones de septiembre de 2010 y una campaña paralela para ‘salir a votar'”.

Pero en los archivos de inteligencia que Wikileaks interceptó en Venezuela, se encuentra que el contratista elegido para seguir de cerca el gobierno de Chávez fue la Phoenix Worldwide Industries, que pertenece a una estructura de inteligencia con sede en Miami, Florida [o sea, que dado que como ya sabemos ésta es la filial de la misma red que se describió antes, entonces ni siquiera podemos hablar de una operación “gubernamental” americana, sino que más bien nos encontramos a una operación clandestina totalmente diseñada y realizada por el intra-aparato, pues se trata directamente de los poderes fácticos empleando a sus testaferros privados], para tratar de “pinchar” las transmisiones telefónicas del ex mandatario venezolano a través de estaciones de satélite, interceptores de llamadas telefónicas, camiones y furgonetas de cobertura, cámaras espía en miniatura y cientos de otros dispositivos, para que los funcionarios de la inteligencia en Miami se infiltraran en Venezuela.«

Aún así, a pesar de todo, muchos seguirán cuestionándose la verosimilitud de las acusaciones de que EE.UU le haya de hecho provocado un cáncer a Hugo Chávez. Bien, pues es ahora cuando llegamos al clímax de la redacción y aportamos las fuentes que garantizan la existencia de este tipo de ciencia y tecnología. Desde los medios oficiales se nos intenta hacer creer que sugerir que un cáncer puede ser inducido deliberadamente es un disparate sin sentido, pero eso es, tal como voy a demostrar, pura defensa sesgada del paradigma materialista y, sobre todo, de los intereses del poder, ya que resulta que no sólo es posible sino que es una realidad constatada y reiterada hasta la saciedad mas omitida en los medios manipulados. Se puede provocar cáncer en las personas a distancia. La abogada y escritora Eva Golinger, corresponsal de RT en el continente americano, aseguró:

«Hay información de que desde los años 70 intentaban asesinar por ejemplo al presidente cubano en ese momento, Fidel Castro, con radiación además de otros métodos. Eso no es ningún secreto, todo eso ha sido revelado en miles de documentos desclasificados. Podemos imaginar ahora la capacidad de estas armas que posee hoy en día EE.UU. EE.UU ha empleado diferentes armas biológicas contra sus adversarios (…) (Washington) tiene alta capacidad científica y biológica. Ha habido también otros intentos de atentado contra la vida de Chávez en los últimos años. Muchos medios de comunicación, figuras políticas de EE.UU, y sus aliados, han intentado desfigurar esta información, manipularla y distorsionarla, y hacer parecer que quienes lo denuncian están diciendo una locura o como si se tratara de ciencia-ficción. Sin embargo es una realidad, hay evidencias de que esta capacidad existe.»

Golinger recordó también que el propio vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro, indicó que ya tienen pistas sobre esa posibilidad. De hecho, dijo que no hay duda de que se ha producido un ataque contra el mandatario bolivariano, pues hay mucha evidencia circunstancial que indica que se trata de una posibilidad muy plausible. Según Golinger:

«El hecho de no poder confrontarlo y derrocarlo, habría sido la razón para emplear el uso de un arma biológica para atacar al presidente Chávez.»

En cuanto a lo de los archivos desclasificados, no se trata de un bulo ni de una fantasía. Durante los años 60, la embajada americana en Moscú fue testigo de un evento inusual. Muchos de sus miembros comenzaron a padecer náuseas, escalofríos, falta de concentración, ofuscación mental, e interferencias en sus pensamientos. Tres de ellos llegaron a padecer cáncer, siendo esto algo que se salía por completo de toda estadística, por lo cual cabía argüir que realmente hubiera alguna causa que pudiera haber inducido artificialmente dicha dolencia (las referencias son comprobables en el trabajo de Sheila Ostrander). Resulta que lo que no se nos dijo entonces ha acabado siendo corroborado definitivamente por la aparición muy posterior de un archivo desclasificado por la Agencia de Libertad de Información donde se habla de un proyecto llamado “Operación Pandora”. Según parece, tras los eventos de Moscú, la CIA comenzó a realizar investigaciones al respecto y descubrió para su sorpresa que realmente había una señal (a la que las autoridades del gobierno llegaron a denominar “la Señal de Moscú”) siendo emitida desde un edificio situado justo en la calle de enfrente, delante de la embajada, bajo cuya influencia se producía el notorio cambio en la salud de los afectados, siendo por tanto ésta obviamente la causa de aquellos tumores. Se trataba de todo un hallazgo: el cáncer puede ser inducido a distancia con determinadas radiaciones. Los americanos descubrieron que era el gobierno soviético el que había logrado desarrollar en secreto nada menos que, por muy extraordinario que suene un arma capaz de provocar cánceres. A partir de entonces, su propio gobierno tomó el relevo y comenzó a hacer lo posible para desarrollar tecnología semejante con la ayuda del Departamento de Defensa en los proyectos Pandora y Bizarre. La investigación retratada en ese archivo concluyó con resultados insuficientes, a pesar de que el informante final del mismo reconoce que los datos fueron traspasados a otras autoridades, además de que aún quedaba material por desclasificar así como nuevas investigaciones en otros centros a los que el material había sido enviado. Evidentemente, aquella tecnología hubo de ser desarrollada mucho más allá posteriormente, puesto que lo que sí estaba confirmado, tal como se puede ver en determinadas correspondencias de los archivos mencionados, es que la Señal de Moscú existió y que, por lo tanto, sí que lo hace de hecho la capacidad tecnológica de inducir tumores a distancia y afectar a la salud en general, lo que descalifica a los descalificadores. Esto es la enésima prueba de que si hay una prensa especialmente manipulada y tergiversada por el poder de manera artificiosa y enmascarada, ésa es la nuestra. Nótese cómo tras el fracaso electoral de Capriles, el testaferro sionista en Venezuela, éste ha hecho algo que diversas fuentes de la CIA ya han identificado como una forma de golpismo encubierto conspirativo americano: alegar que las elecciones están amañadas para así incendiar las calles y tomar el control. De esta forma, Norteamérica, tal como sabemos por material desclasificado y numerosas filtraciones, ha manipulado países como Georgia, Pakistán, Irán, Egipto, Armenia, o Afganistán en el pasado. Parece increíble que después de tanta información que ha visto la luz sigamos creyendo lo que cuentan.

Lee Harvey Osama

Desmentido:

La veracidad de esto queda a elección del lector. Quien diga que se trata de propaganda terrorista será el verdadero terrorista. No es más que un trabajo subjetivo, informal, y aficionado, por lo que no busco el reconocimiento de lo que expreso aquí como un hecho. Nadie debería indignarse porque cuente mi verdad. Condeno la violencia. Si algo se puede cuestionar de mí será mi visión de la realidad, no mis principios y mis valores. En caso de equivocarme no será en la intención. Ni estoy a favor del terrorismo ni sostengo una definición insensata de lo que no lo es, sino que simplemente no tengo la seguridad de que lo razonablemente considerable como tal por cualquiera sea imputable a alguien a quien creo defendible. Lo que he escrito es producto de mi investigación original, y reconozco que es parcial, en el sentido de que no descarto la apertura de una investigación mayor a partir de aquí. Existe un amplio universo de revisionismo de la cuestión judía. ¿No va siendo hora de que se abra uno semejante con la guerra al terror?

«La primera víctima de una guerra es la verdad».

Esquilo

A continuación me dispongo a desenmascarar una descomunal trama de propaganda negra (es decir, propaganda realizada por un bando para hacer que parezca que se trata de la propaganda del otro). Tal es el caso de las grabaciones de vídeo y audio, entrevistas y fotos supuestamente realizadas a Osama bin Laden emitidas a partir del 7 de octubre del 2001 (fecha del comienzo de la actual Guerra de Afganistán).

Lo hago motivado por la reciente emisión de la noticia de la supuesta muerte de Osama, puesto que ésta llega justo a tiempo para salvar la popularidad del presidente americano Barack Obama y lo cierto es que el supuesto terrorista ya había sido declarado muerto por otras fuentes en el pasado con más credibilidad, por lo que voy a desmontar la imagen de éste que nos han vendido.

Empecemos destacando que muchos consideran que el 11-S fue una operación de bandera falsa (es decir, un ataque real o simulado realizado para justificar los intereses del bando supuestamente atacado), si bien no se abordará aquí en profundidad la cuestión sobre su autoría, pues de lo que se trata principalmente en este caso es, en cambio, de su alegado planeador, de Osama bin Laden.

Básicamente todo lo importante que se cree conocer sobre él es a posteriori y mucho de ello probablemente fabricado, por lo que cabe destacar aquí la importancia del ecuador marcado por el comienzo de la ya referida Guerra de Afganistán. Aquí defenderemos que todo el material gráfico y audiovisual de Osama surgido tras el comienzo de ésta es falso, pues éste se emitió aprovechando que ya había sido anulado.

Con todo, lo cierto es que, durante la Guerra Fría, Osama bin Laden gozó de popularidad como un campeón de su religión que había puesto la parte que le correspondía de la fortuna de su prominente familia al servicio de la insurgencia que se enfrentó a los injustos infieles comunistas en Afganistán; un ejemplar muyahidín salafista (i.e., un practicante de la yijad defensor de la pureza del Islam suní).

A su vuelta a Arabia Saudí, Osama fue reconocido como un héroe. Su disidencia del régimen de ese país le valió un gran apoyo de su gente. Según escribía el arabista francés Gilles Kepel antes del 11-S, la “riqueza y generosidad (…), simplicidad de (…) comportamiento, encanto personal y (…) valor en la batalla” de este hombre del que estamos tratando habrían sido “legendarios”.

Obsérvese por otra parte cómo se ha extrapolado el término “yijad” (que en árabe significa simplemente “lucha”) para hacerlo sinónimo de “Guerra Santa” (un concepto que en realidad alude a una cruzada cristiana), así como llamado wahabista a quien, al igual que éstos, se puede llamar salafista (algo que se ha hecho con Osama, cuya descripción oficial como tal no tiene base real).

Esta forma de aprovecharse de la amalgama de los conceptos del mundo islámico para dar lugar a confusión y manipular ha sido virulentamente ejercida contra Osama, de quien también se ha acreditado falsamente que era qutbista para asociarle (como lo han hecho otras falsas informaciones durante la guerra) a la Hermandad Musulmana (acerca de la cual verteremos interesantes sospechas).

Sin duda, en este asunto, como en tantos otros de la historia oficial, se ha mezclado lo verdadero con lo falso para dar lugar a una “hiperrealidad” (como lo llamaría Umberto Eco) que bien lejos queda de los hechos originales pero que sin embargo comparte un mismo molde con éstos (a pesar de que cualquier parecido entre la versión políticamente correcta y la verdad sea pura casualidad).

Ahora bien, antes del siglo XXI, para quien no quisiera creerse nada que viniese del “sistema”, Osama bien podría ser venerado como un revolucionario de culto por su sólida denuncia de los males a los que decía enfrentarse en su fatua (decreto) de 1996, titulada “Declaración de guerra contra los americanos ocupando la Tierra de los Dos Lugares Sagrados” y conocida como la “epístola ladenesa”.

“Sistema” se refiere, por cierto, a calumnias de traidores, farsantes, y demás falsos confidentes (comprados, chantajeados, amenazados, o torturados); desinformación, mitos, bulos y distorsiones de corruptos y controlados medios de comunicación corporativos y demás; e invenciones acreditadas sólo por el papel mojado y dudosas pruebas de las instituciones gubernamentales americanas y cía.; etc.

Por otra parte, el principal experto en Osama, Peter Bergen, merece nuestro veto, pues éste es miembro del grupo que sucedió a la Comisión 11-S (emisora de las mentiras oficiales sobre el 11-S) y del Consejo de Relaciones Exteriores o CFR (el cual ostenta la soberanía fáctica de EE.UU). Bergen es una especie de relaciones públicas de la CIA (normal, pues se ha dicho que ésta es el brazo armado del citado CFR).

De todos modos, en la primera entrevista televisiva hecha a Osama (1997, CNN), que fue realizada por éste, tal como en la de John Miller (1998, ABC), el yijadista, más allá de lo que se dijera de él o por él, dejó clara su auténtica verdad mediante lo que él dijo. Su declaración de guerra a América decía basarse en la injusticia que ésta cometería contra los musulmanes, más específicamente los árabes.

En la mentada entrevista de Bergen, Osama expresaba que tanto la inoperancia de Naciones Unidas como su consentimiento de la política exterior de los americanos y colaboración con los mismos obligaban al empleo de la acción directa armada con el propósito de cambiar el paradigma en beneficio de su causa. Pero nuestro hombre era noble, pues no buscaba el mal para los inocentes.

Además, en la susodicha entrevista, Osama demandaba la retirada de las tropas americanas de Arabia y un régimen en ésta que no fuese cómplice de intereses occidentales regido por un Islam puro que no dejaría cabida a los infieles, sobre cuyos civiles afirmaba, eso sí, que no los tenía como objetivo. También demandaba algo tan razonable como el cese de la ocupación israelí de territorios palestinos.

Como ya hemos dicho, en 1996 Osama había emitido su fatua declarándole la guerra a EE.UU. Otra comunicada en su nombre y a título del Frente Islámico Internacional titulada “Yijad contra judíos y cruzados”, la cual incita a matar también a civiles, fue difundida en 1998 por el periódico londinense Al Quds Al Arabi, cuyo jefe de redacción, Abdel Bari Atwan, le había entrevistado dos años antes.

Sin embargo, cabe destacar que, entre las firmas de esta segunda fatua, se incluía la del jefe de la Yijad Islámica Aymán al-Zawahirí, a quien hasta el periodista de la versión oficial Lawrence Wright (ganador del Pulitzer y negador de la red satánica de poder que, como buen desinformador, da una de cal y otra de arena) considera como el verdadero autor de la mayor parte pese a que ésta fuese comunicada en nombre de Osama.

Unos meses después, Osama celebró una conferencia de prensa para publicitar dicha segunda fatua, lo que supuestamente daría fe de su ratificación de la misma si no fuera porque en esa conferencia sólo pronunció un discurso que servía para referirse a las dos fatuas que se le atribuyen (la de agosto de 1996 declarando la guerra a EE.UU, y la de febrero de 1998 llamando a la yijad).

No hay nada, a pesar de todo, que demuestre definitivamente que el Osama anterior a la guerra (que es el verdadero) respaldase el asesinato de inocentes como se aboga en la susodicha segunda fatua (la asesina), aún cuando fue, no cabe duda, uno de los firmantes, si bien no sería el único caso de alguien a quien engañaron para que diera su respaldo (véase si no el caso de Ahmed Refai Taha).

De hecho, Al Jazeera publicó las palabras de Osama en diciembre de ese mismo año afirmando que él y su gente diferenciaban entre hombres y mujeres y entre niños y ancianos, no como los hipócritas infieles que predican una cosa y hacen otra. La transición gradual a la postura contraria por parte del muyahidín no se dio antes, sino, curiosamente, después de empezar la guerra.

En las declaraciones de Osama a Miller (que fue amadrinado por la mujer del mafioso Frank Costello y está casado con la familia judía sionista Lehman), la postura del primero quedó clara cuando contestó con ironía que es EE.UU quien no sabe diferenciar entre militares y civiles, citando como ejemplo las bombas atómicas lanzadas sobre Japón. Claramente, nuestro hombre sí sabía diferenciar.

No obstante, Osama había sido reclamado antes por la INTERPOL por su implicación en el asesinato de dos alemanes en Libia en 1994. Esto se podría usar para desmontar lo que digo sólo si se olvidase que nunca fue juzgado por tal cosa (y se supone que uno es inocente de aquello que se le imputa hasta que se demuestre lo contrario). Pero este tipo de casos es muy viejo y se llama “asesinato del personaje”.

En cualquier caso, Osama también fue implicado en actos de auténtico terrorismo a nivel internacional, razón por la que, junto a su denuncia de la corrupción de las mismas, fue puesto en busca por las Naciones Unidas. Fue acusado, entre otras cosas, del primer ataque al World Trade Center, así como de la Operación Bojinka, aunque él negó haber conocido a Ramzi Yousef (el que habría sido responsable de ambos)

En cambio, la campaña contra él despegó cuando también le fueron imputados los atentados contra las embajadas americanas de Kenya y Tanzania, los cuales él mismo se consideró responsable de haber incitado con sus palabras en una entrevista concedida a Time publicada en enero de 1999, si bien, tal como salió en Al Jazeera, no asumía directamente los cargos.

Pero para que nuestro hombre sea inocente de aquello de lo que se le acusó después, podría tener que haberle traicionado quien teóricamente estaba asociado a él. Mas, ¿por qué iba a suceder esto? Quizá porque tal vez la Hermandad Musulmana sea, como afirma Robert Dreyfuss, una organización de raíces masónicas que ha venido siendo un frente de la inteligencia occidental.

Ningún testimonio de los presos de la infame prisión de Guantánamo, como ninguno de cualquiera de los que han sido torturados en las también infames prisiones clandestinas de la CIA u otras, ha de ser dado por válido, al igual que ningún juicio amañado ni sentencia alguna de la América de la inconstitucional Ley Patriota de la administración Bush (de la que la de Obama no es sino continuadora).

Sólo tras el comienzo de la actual Guerra de Afganistán surgen afirmaciones incriminatorias de Osama y gente cercana a él. Sólo desde entonces hace nuestro hombre apología del 11-S y se muestra como un rancio retrógrado militantemente talibanista, visceralmente antisemita, y agradecido por la muerte de inocentes, lo que nos permite situar la frontera entre realidad e ilusión en ese momento.

Nótese que incluso la relación circunstancial del verdadero Osama con individuos condenables (algo que se comprenderá cuando explique la farsa de Al Qaeda) no es suficiente para condenarle a él (véase lo dicho por su entrevistador Baker Atyani, que admitió que no daba la sensación de que hubiera subordinación entre Al-Zawahirí y él, como dice la versión oficial sobre Al Qaeda, sino de que ambos eran líderes).

En un vídeo de propaganda de un grupo de gente que incluía a Osama, muy oportunamente sacado por el diario kuwaití Al Rai unos meses antes del 11-S (a pesar de que sería anterior), aquél aparecía dando un discurso en el que se dirigía a los palestinos diciendo “sangre, sangre y destrucción, destrucción”, lo que se ha considerado una llamada a la barbarie antisemita.

Esto es así aún cuando lo cierto es que podría tratarse en realidad de un lamento por la sangre palestina derramada y la destrucción israelí, si bien tras comenzar la guerra salió una grabación en la que Osama reclamaba “sangre por sangre” y “destrucción por destrucción”, obviamente realizada y difundida para matizar las palabras de nuestro hombre retrospectivamente y así apuntalar la versión oficial.

Pero, sea como fuere, alguien podría apuntar aquí, no obstante, que en septiembre del año anterior Osama salió en Al Jazeera junto a otros reclamando la liberación del “Jeque Ciego” (para ellos víctima de una conspiración), cuyo hijo Mohammed incitó precisamente a “derramar sangre” (aunque las palabras pronunciadas por Osama no fueron exaltadas y éste mantuvo un talante respetable en ellas).

Mas yo le haría notar a ése que la relación entre ambas declaraciones es totalmente supuesta. Ahora bien, en el vídeo de Al Rai, Osama comunica a los muyahidines que sus hermanos en Palestina les esperan y es hora de penetrar América e Israel para dar donde más duele, algo que sería defendible como lenguaje típico de la guerra de no ser porque también llama a “masacrar a EE.UU e Israel”.

Nótese sobre esto último que la traducción puede ser interesada aquí, aunque palabras como “masacrar” forman igualmente parte del argot guerrero usado por los propios americanos cuando lo creen justo. El mentado vídeo no está, por cierto, vinculado con el 11-S, puesto que, como ya se ha dicho, éste es en realidad muy anterior, siendo su relación con esa fecha un producto del propio medio de comunicación que lo emitió.

Al Qaeda, el grupo terrorista que habría sido fundado a finales de los años 80 por Osama, habría sido desapercibida hasta la llegada de los informes del supuesto desertor Jamal al-Fadl, a partir de lo que se empezó a reportar la versión oficial sobre ella (que, irónicamente, es una teoría conspirativa), la cual ha originado una millonaria industria de falso periodismo y literatura basura.

Llega a ser repelente comprobar cómo se emplean dobles criterios hipócritamente, pues la base epistemológica de las acusaciones a Osama es bastante similar a la empleada en sus argumentos por los conspiracionistas de segunda categoría (en algún caso, puede que peor). De tal calaña sería la nueva generación de peritos en la lucha contra el terror y demás periodistas enterados en el tema.

Buen ejemplo de ello lo constituyen Roland Jacquard (pretendido experto en terrorismo que supuestamente predijo el 11-S), considerado un fraude por otros periodistas, o The Long War Journal, diario en línea cuyos informes falsos son sonados y que forma parte de un controvertido think tank neoconservador financiado por célebres judíos sionistas como los Abramson o los Bronfman.

La existencia de esta putativa organización nombrada “Al Qaeda” (de la cual no se percibió ninguna manifestación abierta antes de la actual Guerra de Afganistán por ser supuestamente por entonces un secreto, tal como cuenta Wright) no fue establecida hasta después de que EE.UU acusase a varias personas de lo de sus embajadas en el este de África (he aquí un punto de inflexión).

En ese entonces, Al-Fadl y otras fuentes atestiguaron la existencia de una organización criminal de la que no había verdaderas evidencias, la citada Al Qaeda, logrando con ello autorizar el empleo de argumentos circunstanciales contra Osama (altos funcionarios de la CIA dijeron después en el programa El Poder de las Pesadillas de la BBC que Al-Fadl había sido pagado para hablar de dicha organización).

La para no pocos simulada Al Qaeda estaría basada en células de militantes y redes de contactos clandestinos, razón por la cual cierta gente piensa (por la propia naturaleza de la organización misma), que ésta se trata en realidad de una operación de bandera falsa global. La manipulación de la guerra al terror podría ser para ellos un proceso gradualista en la supresión de libertades civiles.

Las autoridades americanas condenaron a Osama, aún cuando los talibanes ya le habían exculpado en otoño de 1998 el mes que los EE.UU le acusaron formalmente. El juez supremo, Noor Mohammed Saqib, sostuvo que América estaba equivocada sobre el hombre y que por cualquier cosa que pasaba en el mundo le culpaban a él, pero que no le habían dado ninguna prueba.

La versión oficial del 11-S ha sido debatida hasta la saciedad, ya que la misma es harto discutible. Tanto, de hecho, que incluso existen documentales cuestionando dicha versión, tales como Fahrenheit 9/11, Loose Change 9/11, o September Clues. También existen movimientos como 9/11 Truth, 9/11 Research, o 9/11 Review. Pero, como ya dijimos, esto se dará por asumido aquí.

Debo citar, no obstante, la versión alternativa sobre el 11-S que se ha ofrecido, que es la de que los edificios del World Trade Center fueron demolidos controladamente y los vuelos oficialmente secuestrados sustituidos por réplicas o proyectiles teledirigidos (de un modo similar a lo que se pretendía en la secreta y ya desclasificada operación americana de banderas falsas conocida como Northwoods).

Todo esto es eclipsado, no obstante, por la enrevesada trama yijadista que quisieron hacernos creer que se hallaba tras los atentados del 11-S. Lo primero fue hacer que justo el día después una fuente no especificada hablase en nombre de Osama afirmando que éste negaba su implicación en dichos atentados pero se alegraba de los mismos (algo que resulta inconfirmable).

Ahora bien, tres desmentidos de Osama (uno en Al Jazeera, otro en la Afghan Islamic Press, y otro en el Daily Ummat de Pakistán) sucedieron a éste tan dudoso. Cabe destacar que estos comunicados han sido presentados como declaraciones oficiales de Al Qaeda aunque el supuesto terrorista nunca menciona ni reconoce la existencia de dicha organización en ellos.

En el de Al Jazeera dijo:

«He estado viviendo en el Emirato Islámico de Afganistán y siguiendo las reglas de sus líderes. El actual líder no me permite realizar tales operaciones».

En el de la Afghan Islamic Press, explicó:

«He hecho un juramento que no me permite hacer tales cosas desde Afganistán. Hemos sido culpados en el pasado, pero no estuvimos implicados».

Y en el del Daily Ummat, expresó:

«Ya he dicho que no he estado implicado en los ataques del 11 de septiembre en EE.UU. Como musulmán, procuro no mentir. No tenía conocimiento de estos ataques, ni considero el asesinato de mujeres, niños, y otros seres humanos inocentes un acto apreciable. El Islam prohíbe estrictamente hacer daño a mujeres, niños, y otra gente inocente. Tal práctica es prohibida incluso durante la batalla. Los EE.UU deberían buscar a los perpetradores dentro de sí mismos. (…) O aquellos que trabajan para algún otro sistema (…) Podría ser cualquiera, desde Rusia hasta Israel… (…) También hay agencias de inteligencia (…) que requieren miles de millones de dólares en fondos del Congreso y del gobierno cada año. (…) Necesitaban un enemigo. (…) ¿No es posible que exista un gobierno dentro del gobierno de EE.UU? Debería preguntarse a ese gobierno secreto quién hizo los ataques».

Osama pasó misteriosamente de decir esto a confirmar con total naturalidad su autoría en un vídeo en el 2004. Una anécdota graciosa sobre el citado vídeo es, por cierto, la de que el subdirector de la CIA John E. McLaughlin bromeó que con éste “Bin Laden ciertamente le hizo un bonito favor al presidente” (pues el mismo parecía estar diseñado para favorecer a Bush en las inminentes elecciones).

De cualquier forma, EE.UU desestimó tras el 11-S las solicitudes de reconocimiento de los talibanes a cambio de su colaboración para esclarecer lo sucedido y en breve ya estaba bombardeando a la población afgana. Periodistas que no difamaron a Osama antes empezarían a hacerlo a continuación (como Hamid Mir, charlatán acusado de espía), algo parecido a lo hecho por ciertos “allegados suyos” tras comenzar la guerra.

Ahora bien, a partir del 7 de octubre del 2001, con el citado comienzo de la actual Guerra de Afganistán (la cual había sido velozmente justificada manipulando el temor público), Osama ya no tenía versión, con lo que había pista libre para su difamación. Así, tras el primer bombardeo sobre ese país, surgió el primer vídeo de propaganda americana en el que nos muestran una versión vengativa de él.

Mas, ¿cómo sería posible sustituir a Osama? Muy fácil: no hay forma de distinguir la voz de alguien de una que la imita sin suficiente muestreo (y según el Instituto de Investigación Idiap no lo hay de él), y no es difícil “arreglar” a alguien parecido a otra persona para que sea virtualmente idéntico a ésta (sobre todo si la cara de ésta está enmascarada por una barba, un gorro, y unas greñas).

Es algo de toda la vida lo de los “señuelos políticos” (dobles casi absolutamente indistinguibles de una persona a la que interesa suplantar). El caso más famoso que se ha alegado a este respecto es el de Saddam Hussein. Pero, ¿qué hay de Osama? Era la hora del falso Osama, tanto en mensajes como en entrevistas y fotografías más que probablemente adulteradas.

Las grabaciones del “Osama malvado” respaldando a autores disidentes del sistema, famosas teorías conspirativas, o causas nobles, no son sino (simplemente) una operación psicológica. Se trata de poner en boca del “enemigo” la verdad para que así la gente tienda a rechazarla. “Estás pensando como los terroristas”. George Orwell advirtió ya contra esta criminalización del pensamiento (el “crimental”) en su obra 1984.

Como dijo Francesco Cossiga (aunque él lo hiciera con ironía), todo el mundo sabe (incluso Eminem, añadiré yo con no menos ironía) que no hay quien se crea el material audiovisual de Osama producido durante la guerra. Basta con un buen actor razonablemente parecido y debidamente caracterizado (puede que incluso con cirugía) con la voz reproducida por él o artificialmente e imágenes retocadas.

Pero, ¿qué pruebas hay de todo esto? La fundamental es la del anillo. Resulta que un islamista no podría portar un sello como el que luce Osama en algunos de sus vídeos (ya sea éste de oro o simplemente dorado, pues en realidad el Islam prohíbe cualquier joya que no sea de plata). No siempre lo lleva después, pero desde luego, nunca lo llevó antes de que comenzase la propaganda de guerra americana.

Aunque, si el supuesto montaje es tan sofisticado, ¿por qué iban a dejar escapar ese detalle? Pues, sencillamente, porque tal vez alguien plantó la pista para que se supiese la verdad. Creyendo en dicha hipotética verdad, yo estoy convencido de que el verdadero Osama era un guerrero, no un terrorista, así como, por tanto, de que ha sido víctima de un juego de manos para vilipendiarle.

 

InhumanoEl joven Osama bin Laden descansando de su yijad anticomunista.

Osama para Fisk

Osama para la entrevista de Robert Fisk (1993), quien le retrató positivamente.

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Osama emitiendo su audaz fatua contra EE.UU.

Osama bin Laden cayendo en la trampaOsama fue engañado para respaldar la muerte de civiles (fatua de 1998).

4-11-10-01resaltadoLa entrevista al falso Osama de Taysir Aluni (11-8-01). Obsérvese el anillo.

6-9-11-01resaltado

Osama de pega en el vídeo atribuido al 9 de noviembre del 2001. Otra vez el anillo.

Falso Osama 4El navideño mensaje de un Osama postizo en el 2001. Una vez más, el anillo.

Falso Osama 5

Impostor de Osama. Nótese, por enésima vez, el anillo.

Files : Osama Bin Laden Killed by US Forces

La imagen más famosa del Osama real. Nótese la ausencia de anillo alguno.