El Amo del Poder

En un sueño no somos nosotros sino quien hemos guionizado ser. Por eso, no vale con saber que la vida es sueño en la teoría para despertar, pues mientras lo comprendas en la teoría no serás tú sino tu personaje quien lo sabrá, y mientras sea el personaje quien lo sepa tú no despertarás, dado que el personaje no puede, al ser parte del sueño, hacer nada que vaya en contra del mismo. Tú eres quien debe despertar. Pero ahora te preguntarás, en cambio: “¿Quién soy yo?”. Tú eres el ser esencial, al igual que yo. Ése es nuestro verdadero ser, no nuestro ego. Tú eres el que se enamora, pero no el que sufre el fracaso amoroso. Tú eres la chispa original con la que contactas en los momentos en los que te elevas. Sé esa chispa. Descubrirse a uno mismo es un proceso que consiste en superar el miedo. La vida es un sueño, sí, aunque un sueño mucho más sofisticado y perverso que los sueños habituales. Por eso la mente tiene poder sobre la materia, aun cuando la manifestación de dicho poder no sea fácil ni demasiado frecuente, al menos la intencionada. La manifestación involuntaria es, por el contrario, constante y evidente.

Con todo, los defensores de este falso mundo insisten, debido a lo innegable de tal fenómeno, en que éste se debe a causas materialistas. ¿Y qué explicación ofrecen para los casos en los que tiene lugar de manera paranormal? Por supuesto, ellos niegan estos hechos, aún no teniendo derecho a hacerlo. No obstante, reconozco que resulta una deliciosa paradoja que, no habiendo verdad absoluta en el mundo (como ya dije), la misma filosofía que encuentra esa verdad fuera de él nos conduce sin embargo a defender la absoluta veracidad de la parapsicología. Pareciera por ello que la parapsicología debería estar naturalísimamente condenada a la marginación por el ámbito del “conocimiento establecido”, puesto que, si todo es parcialmente verdadero mundanamente hablando, ¿por qué dar crédito al fin y al cabo a la disciplina del mundo dedicada a estudiar la fenomenología justificada por una realidad precisamente extrafenoménica? Es decir, ¿no es acaso redundante la parapsicología? Si bien, dicha apodíctica e ineludible realidad torna a ésta inevitable. ¡Qué retorcido!

El secreto no hay que saberlo en el ego psicológico sino alumbrarlo desde el ser esencial, ésa es la clave del poder. La revelación de mis palabras no se puede experimentar intelectualmente, pues hay que hacerlo espiritualmente. Tal vez resulte confuso para el entendimiento que exija espiritualidad cuando se supone que vengo a aclarar en qué consiste la misma para abrírsela al lector. Deberé decir entonces que el espíritu es la energía que se aviva en él cuando viaja por el presente discurso. Por tanto, la filosofía no es la clave del triunfo del alma sobre las tinieblas, sino la meditación. El encuentro con el infinito y la trascendencia no son una hipótesis, sino una realidad. La liberación del mundo y la superación de la propia mente son el despertar definitivo. Pero para eso tienes que matar al personaje. “¿Qué es mi personaje?”, dirás. Tu personaje es el resultado de una identidad adoptada en virtud de la asimilación de unos recuerdos que funcionan como sistema lingüístico supuestamente autónomo y ajeno a pesar de poder ser no más que una reproducción, todo cuando no sean directamente inventados. La razón por la que aún no dominas la llamada realidad es porque todavía no eres plenamente consciente de que en verdad sueñas. Para transformarte en un amo del poder primero tienes que retomar el hilo y recordar quién eres realmente. Vaya por delante que cuando decimos “poder” aquí no hablamos sino de la genuina libertad.

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